Esperando el inicio del Tour de Francia, se detecta una intensa actividad en la tienda del Tour, instalada en la plaza Catalunya. Que Francia empiece en Barcelona desmiente la broma de la actriz Arielle Dombasle, que, en 2006, decía: “Extrañamente, en México no hay Tour de Francia”. Hoy sería perfectamente posible que, pagando, el Tour empezara en México. ¿A qué Barcelona llega el Tour? Betevé informa de un tiroteo en el Bon Pastor y de un accidente con muertos en el Poblenou provocado por “un conductor temerario”. Horas más tarde, viendo que los eufemismos pueden ser diabólicos, los medios corrigen y lo rebautizan como “conductor drogado”.Para profundizar en la temeridad puñetera de la ciudad, recomiendo la lectura de Barcelona , de Anna Pazos (Ed. Línea del Horizonte). El libro, espléndido, forma parte de una colección de guías anunciadas “para ser leídas como una novela”. Por suerte, la guía de Pazos es poco novelesca y parece más adecuada para que la leamos los barceloneses que los turistas. Incluye itinerarios y reflexiones como: “Una sensualidad impregnada de conflicto convierte Barcelona en una paradoja irresistible, un objeto de estudio infinitamente interesante”.Los líderes políticos saben que el presente les incita a la incontinencia verbalCoincidiendo con el 250 aniversario de la independencia de EE.UU, HBO estrena la serie Vida, Larry David y la búsqueda de la infelicidad . El primer capítulo lo introduce el presidente Barack Obama, cómplice del cachondeo irreverente de la serie. A partir de momentos cruciales de la historia (la Declaración de Independencia, la invención del teléfono o el episodio de Rosa Parks), se alternan los gags y una intención de revisar las paradojas irresistibles de la identidad yanqui. En vez de apelar al fanatismo patriótico, la serie destila un sarcasmo montypythoniano que no gustará a los adeptos del presidente Trump. Tampoco sé si la serie incluirá un capítulo sobre los mandatos de Obama (imprescindibles para entender el trumpismo) o la intervención, ahora ya sabemos que propagandística, en la hoy devastada y desolada Venezuela.Aquí, mientras tanto, el bipartidismo mantiene sus agónicas constantes vitales. En el Comité Federal del PSOE, Pedro Sánchez lee la carta de una chica que, tras la muerte de su padre, le cuenta que en los últimos momentos de vida, escuchar al presidente y ver la voluntad de los socialistas de no dejarse amedrentar le insuflaron dignidad. Sánchez se recrea en el sentimentalismo del texto, sabiendo que las bajas pasiones y los buenos sentimientos son compatibles. Y hablando de bajas pasiones: en el Congreso del PP de Catalunya, el reelegido Alejandro Fernández, que tiene tendencia a gustarse y a utilizar recursos de monologuista, incluye al Torete y al Vaquilla en su lista de malhechores socialistas. Es una pirueta de retórica hiperbólica discutible, pero perfectamente coherente con la degradación transversal de la responsabilidad pública.