Las vacaciones de verano implican más ocio y tiempo libre. Los niños quedan con sus amigos, van al parque y compran un helado o golosinas. Frente a esta dinámica estival, ¿es conveniente darles una asignación económica? “Dar paga a los niños en verano puede ser recomendable si se utiliza como una herramienta educativa y no solo como una entrega de dinero”, explica Montserrat Díaz, psicóloga general sanitaria, neuropsicóloga y docente en la Universidad Alfonso X El Sabio, en Madrid. “Les ayuda a aprender a gestionar recursos, tomar decisiones y desarrollar autonomía en un momento, el verano, en el que tienen más tiempo para experimentar y equivocarse sin presión”, sostiene. Pero la paga debe plantearse y administrarse de manera adecuada para que sirva de aprendizaje. “Es importante que la cantidad asignada sea siempre la misma, que no esté vinculada a tareas básicas del hogar ni se use como premio o castigo. De esta manera aprenden el valor del dinero y la importancia de la responsabilidad para administrarlo bien”, afirma la experta. “Conviene explicar que esa paga es para que empiece a aprender a gestionarse, decidir en qué gastar y si quiere ahorrar para algo más grande. Es importante fijar una cantidad razonable, según la edad, y entregarla siempre el mismo día, para que el menor pueda organizarse”, aclara. Según Díaz, no hay una edad general para que los niños tengan una asignación monetaria, pero se puede tomar como referencia la franja entre los 6 y los 8 años. “En esa etapa vital comprenden mejor qué es el dinero. Ya pueden tomar decisiones sencillas respecto a su uso y toleran mejor la espera, por lo que es más fácil que se habitúen a ahorrar”, explica. A medida que los menores tienen más edad, es más recomendable incluir una asignación económica, ya que su actividad social en vacaciones aumenta: “Entre los 9 y los 12 años tienen mayor capacidad de planificación y responsabilidad, y ya en la adolescencia se les puede dar más dinero para sus gastos personales con el fin de fomentar su autonomía”.Durante la infancia y la adolescencia, independientemente de la edad, el cerebro está en desarrollo y la gestión del dinero ayuda a su adecuado crecimiento. “La corteza prefrontal, encargada de la gestión de los impulsos y la frustración, está en plena evolución, y al dar un presupuesto cerrado se fomenta su entrenamiento, porque se plantean cuestiones como: ¿me gasto todo hoy o espero al viernes?”, apunta Alba María García, experta en psicología infantojuvenil. “El verano es una época ideal, porque es un entorno desestructurado; al haber menos rutinas y más estímulos (helados, ferias), es el laboratorio perfecto para poner a prueba el control de impulsos”, añade.La cantidad correcta de dinero a dar al menor también es importante; debe ser acorde a la edad y no ser excesiva, ni quedarse escasa. “Tiene que ser simbólica. El objetivo no es dar poder adquisitivo, sino una herramienta de gestión. Una regla orientativa común es un euro semanal por año de edad, a partir de los 6 años, o simplemente lo equivalente a un pequeño capricho (el coste de un par de cromos o un helado). Lo importante es que sea una cantidad fija y predecible”, considera también García. Según esta experta, dar la paga tiene sus riesgos si no se hace de forma adecuada: “Si se entrega sin supervisión ni límites o el adulto cede y da más cantidad cuando el niño se lo gasta rápido, genera un efecto de derecho adquirido y consumismo impulsivo”, advierte.La asignación no es siempre recomendable, como cuando el menor tiene pocos años o si se pierde el objetivo de aprender. “Cuando el niño es demasiado pequeño no comprende qué significa el dinero o todavía no tiene la capacidad de esperar, ahorrar o tomar decisiones básicas sobre su uso, por lo que se pierde el sentido educativo de la acción”, retoma Díaz. “Tampoco es conveniente si se plantea como un sistema de premios y castigos o si depende del comportamiento diario, ya que puede generar una visión centrada en: ‘Me porto bien si me pagan’, y así no se fomenta la responsabilidad interna”, añade.Asociar la asignación económica a la participación en las labores domésticas tampoco es aconsejable. “Conviene transmitir la idea de que colaborar con la familia no es algo opcional o negociable”, aclara García. “El secreto está en separar radicalmente la paga de las obligaciones básicas. No se debe pagar a un niño por hacer su cama, recoger la mesa o lavarse los dientes. Son labores que requieren motivación intrínseca y forman parte del ecosistema familiar”, incide. “Hay que sentarse con ellos para establecer qué día de la semana reciben el dinero y dejar claro qué gastos cubre, por ejemplo, las chuches extra o los juguetes pequeños”, agrega.Si se decide comenzar a dar una asignación económica al menor en verano, se puede mantener la dinámica el resto del año. “Si se da dinero de forma irregular, sin normas claras o sin interés por cómo se gestiona, es fácil que se convierta en algo confuso y no cumpla ninguna función formativa”, asegura Díaz. “También es útil acompañar el proceso interesándose por las decisiones del niño con el dinero sin juzgar, ayudarle a pensar antes de gastar y animarle a ahorrar con algún objetivo concreto”, añade. Para facilitar este aprendizaje, la experta propone una dinámica sencilla: “Se puede dividir el dinero en partes, una pequeña cantidad para gastar, otra para ahorrar y, si se puede, otra para algo a medio plazo. Esto ayuda a visualizar mejor el uso del dinero. No hace falta que sea rígido; lo importante es que el niño entienda que no todo se gasta de inmediato”.