ESPA�AReci�n ingresado en la Academia de Ciencias Morales y Pol�ticas, el fundador del Euskobar�metro y profesor en la Universidad del Pa�s Vasco reflexiona sobre los efectos de la 'Ley de Nietos'Francisco Llera.EFEActualizado Domingo,
julio
03:25�Qu� sucede cuando en una sociedad se altera el ‘demos’ de la manera en que estamos viendo con la llamada ‘ley de Nietos’?En una sociedad desarrollada y madura con una democracia consolidada como la nuestra, lo previsible, deseable y esperable es que el cuerpo ciudadano, que es el ‘demos’, no sea algo discutible o discutido, sino obvio y consensuado. Y, sobre todo, cualquier intervenci�n que lo reduzca o lo incremente tiene que ser absolutamente transparente, regulada y, obviamente, consensuada. Es un tipo de mutaci�n como la que se prev� como consecuencia no solamente de la llamada ‘Ley de nietos’ -que es simplemente una previsi�n que est� en la disposici�n adicional octava de la Ley de Memoria Hist�rica, referida a nuestra di�spora nacional, por llamarla de alguna manera-, en la que no solamente se incluye a descendientes de represaliados o exiliados de la Guerra Civil y de la dictadura, sino tambi�n emigrantes. Por otro lado estar�an las nacionalizaciones de residencia. Y, en tercer lugar, las nacionalizaciones resultantes de la regularizaci�n de las nuevas poblaciones de inmigrantes que tenemos. Al fin y al cabo, una realidad hist�rica que todos compartimos es que mayormente somos todos migrantes. Todos lo tenemos en casa, en nuestra historia familiar, o conviviendo. Es un fen�meno masivo, tambi�n de una sociedad madura que reconoce los derechos c�vicos de sus nacionales con una interpretaci�n generosa. Eso es absolutamente normal y razonable y no supone ninguna novedad. Lo que no puede ser es un fen�meno repentino, descontrolado, no transparente y no consensuado. Porque, en el momento en que falle alguna de esas condiciones, genera, obviamente, dudas razonables de qu� es lo que se pretende o qu� puede haber detr�s. Y eso es lo peor que nos puede pasar a la hora de reconocernos en un ‘demos’, porque es tanto como deslegitimar la base del proceso democr�tico.�C�mo valora que esta situaci�n proyecte una sombra de desconfianza sobre el sistema electoral y sobre las instituciones, en general?En una democracia madura y transparente, el plantear ese tipo de dudas conspiranoicas puede ser una irresponsabilidad institucional, pol�tica, o incluso una irresponsabilidad de corte populista. Ahora bien, si no hay informaci�n suficiente, si hay experiencia de ausencia de rigor y de falta de transparencia o de responsabilidad pol�tica en muchos �mbitos de la vida colectiva, hay razones suficientes para exigir control. La exigencia de rendici�n de cuentas es una tan democr�tica como cualquier otra. Y eso no implica, autom�ticamente, ni culpabilizar, ni dudar de la decencia, ni ser un irresponsable pol�tico. Todo lo contrario, es ser una exigencia de responsabilidad. Hay que exigir transparencia, informaci�n, rigor y control de los procedimientos. Y estamos en una sociedad y en una vida pol�tica donde todo eso no brilla precisamente por su presencia. Sobre todo, por el control democr�tico. No hay rendici�n de cuentas en nuestro pa�s.Todos los problemas asociados a esta ampliaci�n del censo, �son fruto de la mala voluntad o de la incompetencia?Vamos a suponer que es lo segundo. Cualquiera de los dos argumentos, son impresentables. No vamos a recurrir a la mala voluntad o al intento de manipulaci�n, que ser�a lo peor. Pero lo otro, de por s�, ya no es bueno. Hablando de la regularizaci�n de inmigrantes, la Polic�a Nacional y la Guardia Civil, que son los que mejor saben lo que hay, hablaban de casi mill�n y medio. El Gobierno, al principio, nos hablaba de medio mill�n. Se�ores del Gobierno: ustedes tienen la Administraci�n de la Seguridad, que le da a ustedes unos datos relativamente s�lidos. Como m�nimo, deber�an partir de esos datos, si es una Administraci�n seria. Pues no, nos da medio mill�n. �Para qu�? �Para enga�arnos? �Para entretenernos? �Para quitarle hierro al asunto? �Para enga�ar a la Uni�n Europea? Porque somos un Gobierno que compartimos con la Uni�n Europea intereses y normas, regulaciones y fronteras. Por lo tanto, no solamente hay que ser leales con los ciudadanos, d�ndoles la informaci�n y la transparencia, y con la oposici�n, que est� obligada a controlar -exigencia democr�tica-, sino que tenemos que ser leales con las normas y con los gobiernos europeos, que son nuestros socios y nuestro sistema regulatorio. Todo ello falla. Cuando uno comprueba -no te dicen, compruebas- que gran parte del proceso de ejecuci�n de la ley de nietos est� externalizada a una empresa como INECO, cuya fama no es especialmente positiva, por otras razones... Blanco y en botella. El Gobierno no se f�a de su propia Administraci�n, o no tiene los datos suficientes para saber que su Administraci�n est� o no capacitada para gestionar un proceso de estas caracter�sticas. Mala se�al. Algo no est� funcionando bien. Es sencillamente impresentable.�Y crear una circunscripci�n exterior?Para eso ser�a necesaria una reforma de la ley electoral, que requiere un cierto consenso, una mayor�a cualificada. Porque si no, estar�amos haciendo una reforma de parte, de manera que cuando viniese la otra mayor�a, cambiar�a la reforma. Eso no tiene ning�n sentido. Hasta ahora, las reformas de la ley electoral, las sustantivas, las que afectan o pueden afectar a la legitimidad del sistema y de los procedimientos, se han hecho por consenso. Porque es el fundamento de nuestro sistema de 1978. Entre otras cosas porque es lo m�s estable: se hacen entre las grandes fuerzas que est�n llamadas, l�gicamente, a alternarse en el poder. En la medida en que haces una reforma basada en el acuerdo de los dos principales alternantes, es una reforma segura, estable y legitimada. Si no, habr�a siempre discutibilidad sobre ella. Y sobre todo, en un proceso tan complejo que requiere tiempo: estamos hablando ya de 2,6 millones de solicitantes -que no quiere decir que sea el universo completo-. Y que ya tenemos unos 600.000 que est�n resueltos por nacionalidades concedidas y por tanto inscribibles en el CERA. Porque luego, para inscribirse en el CERA tienen que solicitarlo a su vez. Una cosa es la nacionalidad y otra el censo. Nuestro censo es autom�tico, porque depende de nuestra residencia. El registro del CERA tienen que solicitarlo los interesados tras conseguir la nacionalidad. Hay que hacerlo bien, no apresuradamente y mal: por la fiabilidad del procedimiento y por la seguridad. Y luego vendr�n todas las dem�s consecuencias de si van a votar a uno, si van a votar a otro, si esto va a beneficiar a uno o va a beneficiar a otro. Esto deber�a ser lo �ltimo. No lo primero, porque es empezar la casa por el tejado. Mala se�al y mala cosa.�C�mo valora que un grupo humano que nunca ha vivido en Espa�a tome decisiones electorales cuyas consecuencias negativas no sufrir� directamente pero que s� afectar�n a la poblaci�n que s� reside aqu�?Esa es la parte cualitativa del asunto. El procedimiento implica una cierta iniciativa individual y voluntariedad de inscribirse en el CERA. Puedes tener la nacionalidad y, en el caso del CERA, como no eres residente, no inscribirte. Otra cosa es luego decidir votar, porque sabemos que una gran parte -casi la mayor�a- de los inscritos no votan: incluso por responsabilidad, porque no saben lo que van a votar ni lo que se est� jugando. Hay riesgo de que algunos de los que voten emitan un voto inducido o comprado de alguna manera. Y si te dan la nacionalidad y alguna ventaja adicional de alg�n servicio p�blico -ya el pasaporte en s� mismo tiene un valor enorme, sobre todo el espa�ol-. �qui�n puede decir que eso no sea una compra de votos? No tenemos por qu� asegurarlo, ni partir de ah�, pero tenemos que considerarlo. Votar no es ninguna tonter�a en un sistema democr�tico: es asumir la responsabilidad pol�tica de tomar decisiones sobre la agenda pol�tica de tu pa�s. Y eso requiere alg�n tipo de vinculaci�n, m�s all� de la formalidad de estar en un registro. Aunque eres libre de hacerlo, porque as� lo reconoce la instituci�n.�Qu� ense�anza se puede obtener de otras alteraciones del censo, como la experimentada en Pa�s Vasco y Navarra por la violencia de ETA?Es un exilio. En alg�n momento se reivindic�: �qu� hacemos con las casi 200.000 personas que se han tenido que ir del Pa�s Vasco por miedo? Unos han cambiado de residencia y otros no, pero no han podido votar, por una raz�n o por otra. Y eso era asim�trico: no nos repart�amos por igual entre todas las opciones pol�ticas. Los que ten�an miedo, los amenazados, los que se tuvieron que ir, eran aquellos que no ten�an vinculaci�n con el nacionalismo, con lo cual engordabas el contingente de voto nacionalista. Y eso nunca nadie lo asumi�, ni lo regul� de alguna manera, ni tampoco lo compens�, que se podr�a haber hecho. Siempre hay mecanismos para poder hacer ese tipo de arreglos. Pero estamos hablando, l�gicamente, del pasado. Y en el caso de la ‘Ley de nietos’ estamos hablando de un pasado much�simo m�s lejano y con mucha menor vinculaci�n. Porque en este caso, muchos de los que se tuvieron que ir eran gente comprometida, no desvinculada de la vida pol�tica. Llama un poco la atenci�n. Y es un poco hiriente.�Qu� nos jugamos con estas cuestiones?En una democracia representativa, yo no decido, porque ser�a plebiscitario: yo elijo preferencias y representantes, aquellos que van a decidir por m�. Y sobre los que en ning�n momento tengo por qu� renunciar a controlar, a exigir responsabilidad. Porque la rendici�n de cuentas no es una vez cada cuatro a�os. La responsabilidad pol�tica es mucho m�s continuada. Cuando un gobernante dice que puede gobernar sin el Parlamento, eso es antidemocr�tico, puro y duro. Denota un serio d�ficit democr�tico en ese l�der. Y hay un l�der que lo ha dicho, un l�der con mucha responsabilidad. Por lo tanto, yo tengo la responsabilidad de exigir rendici�n de cuentas, transparencia, explicaciones de las decisiones y control de las decisiones. Y tengo el deber, de exig�rselo al dirigente y al que le controla desde la oposici�n. Porque la oposici�n tambi�n puede perder legitimidad o apoyo si no controla lo suficiente y no controla bien. Nuestro ‘demos’ es activo, din�mico. Un ‘demos’ que no decide cotidianamente, porque no est� en la toma de decisiones, pero s� decide en la medida en que controla, desautoriza, cuestiona, se moviliza, exige responsabilidad pol�tica. �sta va mucho m�s all� y es mucho m�s cercana a la responsabilidad penal. Se da este argumento, este burladero que utilizan nuestros pol�ticos cuando hay un esc�ndalo o una sospecha de corrupci�n o una imputaci�n por un juez -que es un poder del Estado- de decir que hasta que no haya condena firme no hay responsabilidad. Eso en en el plano penal. Pero la responsabilidad pol�tica empieza mucho antes. Es el ejemplo que tenemos en el Reino Unido con Starmer. El primer ministro, que sepamos, no ha hecho nada grave. Simplemente ha perdido elecciones, o est� cuestionado en el interior de su partido. Es suficiente.Volvamos, una �ltima vez, a la rendici�n de cuentas.Una cosa es no tener dogmas y otra es no tener principios. No todo vale: ni el relativismo absoluto ni el fin justifica los medios. La autocr�tica est� en los estatutos de los partidos. Y vemos c�mo est�n desapareciendo partidos hist�ricos en toda Europa de una forma masiva. Eso es por algo. Alguna responsabilidad tienen que tener los propios partidos en su mal dise�o o su mala ejecutoria. Pero lo que vemos es una reacci�n defensiva de los propios partidos. Si criticas, ya no eres leal al partido; eres un traidor. Eso convierte al partido en una secta. El Partido Socialista, desde la �poca de Zapatero, ha perdido m�s del 40% de la militancia, de la afiliaci�n. �Eso no te hace pensar que algo no va bien, m�s all� de haber perdido masas de votantes? Masas de votantes que le hacen perder sus se�as de identidad sociol�gica desde el punto de vista de la representaci�n de lo que era en esa sociedad. Una cosa y la otra llaman mucho la atenci�n. Si adem�s dentro no hay autocr�tica ni exigencia de responsabilidad y se da un cierre de filas absolutamente sectario, algo no va bien. Y eso va unido a una din�mica populista, de polarizaci�n. Es, como digo una din�mica defensiva: �por qu� construyo el muro o la cima? Para que no haya posibilidad de traspasar de un sitio al otro. Con lo cual hemos roto las reglas de la democracia. Precisamente la din�mica competitiva, no la de amigo-enemigo, sino la din�mica centr�peta del sistema. �sa es la gran debilidad. �Por qu� los partidos en nuestro pa�s son la instituci�n peor valorada y con menor confianza ciudadana? El actor que gestiona nuestra vida colectiva, el m�s importante, es el menos valorado y el m�s denostado por la ciudadan�a. �No nos paramos a pensar que algo no est� funcionando bien.�Qu� podemos hacer los ciudadanos frente a este derrotismo?Movilizarse, comprometerse y alzar la voz. No hay m�s mecanismos en democracia. Yo conf�o en la sociedad espa�ola. Eso, tarde o temprano, da resultado. Es verdad que llevamos una trayectoria larga por la cual parecer�a que Espa�a es excepcional. Porque los dos grandes partidos que han nutrido toda la din�mica despu�s de la Segunda Guerra Mundial -con la Guerra Fr�a, la construcci�n de la Uni�n Europea y todas las pol�ticas del Estado Social-, esa din�mica entre socialdemocracia y democracia liberal o democristiana, constituyen el sistema socialliberal que tenemos. Con alternancia, pero con un ‘mainstream’ compartido y fundamental, que es el que nos da las se�as de identidad europeas, dicho sea de paso, irrepetibles y que hacen que seamos un para�so en cierta medida. Y en Espa�a resisten porque tenemos tan reciente la memoria de una larga dictadura, y de una previa y terrible guerra civil, y una inestabilidad anterior evidente con el inal de la monarqu�a y la etapa republicana, que no son ning�n �xito, ninguna de las dos. Pero tenemos un �xito indudable, que es nuestra Transici�n, basada en el consenso de las grandes fuerzas pol�ticas. Y yo creo que nos seguimos agarrando, con una fe de carbonero, a esa experiencia. Y eso es lo que nos salva.














