Nota beneM�s que un pa�s con un relato, Estados Unidos es un relato con un pa�s.GETTY / AFPActualizado S�bado,

julio

23:08Audio generado con IALa declaraci�n de Independencia de Estados Unidos debe de ser el �nico ejemplo de prosa pol�tica que mejor� despu�s de pasar por un comit�. El retoque m�s acertado lo introdujo Benjamin Franklin. Donde en el borrador de Jefferson se le�a �sostenemos como sagradas e indiscutibles estas verdades�, Franklin abrevi� de modo memorable, hasta dar con la perfecta sentencia que conocemos: �sostenemos como evidentes estas verdades� (demostrando de paso que la diferencia entre un enunciado religioso y otro secular es a veces una mera cuesti�n del l�xico escogido). Esas verdades evidentes eran tres: que todos los hombres han sido creados iguales, que est�n dotados de derechos inalienables, y que para garantizar esos derechos se instituyen gobiernos con el consentimiento de los gobernados. Con estos mimbres se alumbr� una naci�n que se convertir�a en el pa�s m�s pujante de la historia: la sociedad m�s diversa, la econom�a m�s innovadora, el ej�rcito m�s avanzado, la cultura popular m�s atractiva. Con todo, ninguna gesta estadounidense posterior iguala en potencia el hecho sublime de ser una naci�n fundada sobre una teor�a moral. Esta originalidad despert� el entusiasmo de su primer propagandista, Thomas Paine: mientras las naciones europeas deb�an su origen a los apetitos poco edificantes de monarcas codiciosos, Estados Unidos mostraba por todo abolengo su compromiso con la libertad y la justicia. Verdades autoevidentes para un proyecto pol�tico in�dito. Por eso, se ha podido decir que m�s que un pa�s con un relato, Estados Unidos es un relato con un pa�s. No hace falta recordar que la joven rep�blica pudo abolir la esclavitud el d�a de su nacimiento y no lo hizo, y que desde muy pronto sus gobernantes mostraron que la voluntad de conquista no era monopolio de Europa. El propio Paine vivi� lo suficiente para denunciar la corrupci�n de los ideales republicanos y c�mo su pa�s de adopci�n empezaba a adoptar modales propios de una �potencia berberisca�. Lo importante es que cada vez que Estados Unidos ha ca�do en la tentaci�n imperial, ha podido volver a su cris�lida republicana, a las viejas y nobles palabras de su acta de nacimiento. As� Lincoln, en el campo de batalla de Gettysburg: �Hace ochenta y siete a�os, nuestros padres hicieron nacer en este continente una nueva naci�n...� Cada vez que la pr�ctica se desv�a, a veces de modo aberrante, la teor�a sale al rescate: sostenemos como evidentes estas verdades. Doscientos cincuenta a�os despu�s, el ilustre experimento americano contin�a.