Pedro Rodríguez
Actualizado 06/07/2026 - 01:29h.
La rebelión de trece colonias en la costa atlántica de Norteamérica nunca fue un simple conflicto entre ingleses por impuestos, territorios y representación política en Westminster. Tras las primeras escaramuzas en Concord y Lexington entre las milicias de patriotas americanos y los «casacas rojas» del rey Jorge III, la sangrienta confrontación iniciada el 19 de abril de 1775 terminó por implicar a más de dos docenas de naciones, tanto de nativos americanos como europeas, incluida España. Aquella guerra civil de ocho años y cinco meses no solo culminó con la independencia de Estados Unidos. Sirvió también para encender la mecha de la llamada «era de las revoluciones», impulsando algunas de las más nobles aspiraciones de la humanidad.
La Declaración de Independencia, adoptada formalmente por el Segundo Congreso Continental en el sofocante calor húmedo del 4 de julio de 1776, ha servido de inspiración para más de dos siglos de cambios políticos radicales a escala global en Europa, el Caribe, Sudamérica, África y Asia. Mucho más allá de la imaginación de sus signatarios, es uno de los documentos políticos más influyentes de la historia de la democracia y la libertad porque condensa en sus 1.320 palabras originales los ideales de ilustrados, librepensadores y antiabsolutistas.











