El 4 de julio de 1776, los delegados de las Trece Colonias norteamericanas, reunidos en el Segundo Congreso Continental en Filadelfia, adoptaron formalmente la Declaración de Independencia de los Estados Unidos. El documento no solo proclamó la separación legal y política respecto de la Corona británica bajo el reinado de Jorge III, sino que introdujo en la escena internacional los principios fundamentales de los derechos humanos y la soberanía popular basados en las ideas de la Ilustración. La ruptura con Londres venía gestándose tras años de una escalada bélica y de una serie de disputas impositivas.

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Donald Trump endurece su estrategia electoral y suma polémicas por el voto por correo y los festejos del 250° aniversario de EE.UU. El proceso institucional definitivo se aceleró el 2 de julio, cuando el cuerpo legislativo votó de manera unánime a favor de una resolución de independencia presentada por el delegado de Virginia, Richard Henry Lee. Sin embargo, la historia consagró el 4 de julio como el día nacional debido a que en esa jornada se aprobó el texto definitivo del manifiesto que explicaba las razones del quiebre soberano. El rol clave de Thomas Jefferson en la redacción del texto fundacional La tarea de redactar el borrador del documento recayó sobre un comité especial de cinco miembros, aunque la pluma principal fue la del joven abogado y terrateniente de Virginia, Thomas Jefferson. Dotado de una notable capacidad intelectual, Jefferson trabajó de forma aislada entre el 11 y el 28 de junio en una residencia de Filadelfia, elaborando una pieza jurídica y filosófica de hondo impacto histórico. El texto original redactado por Jefferson pasó por un riguroso proceso de revisión antes de llegar al recinto legislativo. El 4 de julio de 1776, los delegados de las Trece Colonias norteamericanas adoptaron formalmente la Declaración de Independencia de los Estados Unidos Dos figuras centrales de la política revolucionaria, el diplomático y científico Benjamin Franklin y el abogado de Massachusetts John Adams, realizaron correcciones precisas sobre el borrador, puliendo los párrafos para asegurar la cohesión de las colonias antes de la presentación final. El Congreso Continental no aceptó el manuscrito a libro cerrado. Durante las sesiones del 2 y 3 de julio, los delegados debatieron intensamente y suprimieron aproximadamente una cuarta parte del borrador de Jefferson, incluyendo una fuerte condena al comercio de esclavos que generaba resistencias insalvables entre los representantes de las colonias del sur, cuya estructura económica dependía del sistema de plantaciones. El mito de las firmas en Filadelfia y el protagonismo de John Hancock La iconografía popular suele representar a todos los delegados firmando el pergamino de forma conjunta el mismo 4 de julio, pero las actas oficiales del Congreso revelan una realidad burocrática diferente. En aquella jornada veraniega, únicamente el presidente del cuerpo, John Hancock, y el secretario Charles Thomson estamparon sus rúbricas para validar la orden de impresión del documento que se distribuiría a las tropas y las asambleas locales. La mayoría de las cincuenta y seis firmas impresas en el pergamino histórico conservado en los Archivos Nacionales de Washington se plasmaron casi un mes después, el 2 de agosto de 1776. Ese día, los delegados comenzaron a firmar el documento organizados por delegaciones estatales, avanzando geográficamente en columnas ordenadas desde el estado situado más al norte, New Hampshire, hasta la región más austral, Georgia. El gobierno no afirma ni desmiente la visita de Javier Milei a Washington La firma más célebre y prominente del documento es la de John Hancock, representante de Massachusetts, quien estampó su nombre en el centro del pergamino con trazos amplios y vistosos. La audacia de su caligrafía dio origen a una célebre tradición según la cual Hancock firmó de ese modo para que el rey Jorge III pudiera leer su nombre sin necesidad de utilizar anteojos, desafiando abiertamente la pena de muerte por traición que pesaba sobre los rebeldes. Entre los signatarios que arriesgaron sus vidas y propiedades al estampar su nombre figuraban destacados pensadores y comerciantes de la época. Figuras como Samuel Adams, primo de John Adams y líder de los Hijos de la Libertad, o el rico terrateniente católico Charles Carroll, aportaron diversidad ideológica y legitimidad financiera a una causa que todavía debía resolverse en los campos de batalla frente al ejército regular británico. El documento introdujo en la escena internacional los principios fundamentales de los derechos humanos y la soberanía popular basados en las ideas de la Ilustración Mientras las plumas sellaban el destino político en Filadelfia, el sostén militar de la revolución se encontraba en el frente de batalla bajo la comandancia del general George Washington. Aunque Washington no firmó la Declaración por encontrarse desplegado con el Ejército Continental en Nueva York, su liderazgo operativo resultó fundamental para transformar los postulados teóricos del 4 de julio en una realidad geopolítica tangible tras la victoria definitiva de Yorktown. API / EM