Editorial Expansi�nActualizado 1

JUL.

2026 - 12:49El ministro de Pol�tica Territorial y Memoria Democr�tica, �ngel V�ctor Torres, el ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda D�az, el presidente del Gobierno, Pedro S�nchez, la ministra de Inclusi�n, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, y el ministro de Industria y Turismo, Jordi Hereu, durante la presentaci�n del Plan de Integraci�n y Ciudadan�a y de la campa�a institucional ‘�De d�nde vienen? Vienen de hacer pa�s’.Alberto OrtegaEuropa PressLa regularizaci�n de inmigrantes decretada por el Gobierno lleva camino de convertirse en un caos. Casi un mill�n y medio de personas van a ser regularizadas sin c�lculos ni pol�ticas que sustenten la decisi�n. Dif�cilmente se puede discutir la necesidad de apostar por la inmigraci�n en un pa�s como Espa�a y en un continente como Europa que envejece. Lo que se plantea es la necesidad de que esta llegada sea ordenada y est� acompa�ada de medidas eficaces de integraci�n, para que la nueva realidad social no altere la convivencia ni quiebre las estructuras que sustentan a una sociedad. En este caso el Gobierno, en un ejercicio de populismo pol�tico irresponsable, se ha saltado todos los cauces y ha convertido la medida en un desorden en el que sobran los mensajes voluntaristas y el buenismo desinformado y faltan datos y pol�ticas. De momento, el Ejecutivo preve�a inicialmente del orden de medio mill�n de regularizaciones y las cifras finales indican que el n�mero se podr�a haber triplicado. Y todo ello sin el necesario consenso pol�tico -se ha hecho por decreto- y sin un m�nimo estudio sobre el impacto que la medida puede tener en los servicios p�blicos y sus fuentes de financiaci�n. Por si fuera poco, ha tenido un pernicioso efecto llamada, como se demuestra por la avalancha de solicitudes no previstas. Y todo esto el Gobierno lo ha hecho contraviniendo la tendencia de la Uni�n Europea de establecer y endurecer los controles a la vista de las consecuencias negativas que est� teniendo en muchos pa�ses un discurso irresponsable de puertas abiertas. Una regularizaci�n es necesaria, pero ordenada.Opini�nEditorialsociedadPedro S�nchez