Actualizado Martes,
junio
23:12Este calor extremo, h�medo, pegajoso y apocal�ptico es un baboso que te quiere lamer, que te echa encima su aliento a co�ac, que te obliga a desnudarte, que te hace sentir sucia.Solo hace unos pocos a�os que llegu� al concepto de felicidad t�rmica y, por a�adidura, al de infelicidad t�rmica.Somos cuerpo, apenas cuerpo, pienso.Le� que los rescatistas en un terremoto deben ser profesionales porque un cuerpo sometido a presi�n, enterrado durante horas, cuando se libera, si se estira bruscamente para sacarlo, puede transferir de golpe al flujo sangu�neo sustancias como el potasio o la mioglobina y matar al rescatado.La buena voluntad y el cuerpo, pienso.Imagino, imaginamos estos d�as, que el techo se nos cae encima y sentimos la fragilidad c�smica de los cuerpos, la incapacidad de volar de los cuerpos. �Ad�nde vuela una cabeza atrapada en un cuerpo atrapado en el centro del derrumbe? �C�mo mantiene la calma? Ya solo lloro con las buenas noticias, cuando los rescatistas sacan a una mujer, a un hombre, a un ni�o de entre los escombros.En un peque�o cuerpo caben tantas cosas, pienso.Discuto a menudo con esos biologicistas que creen que todo lo explica la serotonina, la oxitocina o el cortisol, como si jug�ramos al Quimicefa y nunca fuera a terminarse la partida, y nosotros no fu�ramos a crecer.La depresi�n se explica por una simple descompensaci�n qu�mica y no por aquel abuso, por aquel maltrato, por esta precariedad.Olvidan que las sustancias qu�micas que nos recorren tienen su correlato en lo biogr�fico, en el c�digo postal, en la cultura (a veces b�rbara, que ha hecho crecer el ruido entre el cuerpo y nosotros).�El cuerpo y nosotros? Te has delatado, cabeza, pienso. Y sin embargo, cuerpo.Y tambi�n pienso en esos j�venes que ponen su cuerpo en la guerra, sus b�ceps, su h�gado, sus gl�teos, sus deltoides, su bazo, sus ri�ones.Pienso en las prostitutas que ponen su cuerpo en las rotondas de los pol�gonos, que se pintan los labios de rosa chicle, pienso en sus carnes desbordadas y cansadas.Pienso en las alba�iles, en las trapecistas, en los mineros, en las mariscadoras, en los butaneros.En la expresi�n poner el cuerpo, y yo aqu� sentada, pensando.Las amigas en la menopausia est�n enfadadas con su cuerpo. Incandescencia traicionera y un caballo encabritado que no recuerdan haber criado y que las sacude desde la silla.Yo nunca viv� el per�odo con atenci�n. Qu� desafortunada palabra �per�odo�. Jam�s med� el tiempo con sangre. Nunca s� determinar si la regla se atras�, se adelant� o lleg� puntual. Qu� desafortunada palabra �regla�, como si no fuera todo una excepci�n. Apenas experimento s�ntomas, tal vez porque me ha dejado sorda la cultura. Alguna vez he estado triste sin m�s motivo que el menstrual, pero muchas veces he estado triste sin motivo.�Y qu� culpa tiene el cuerpo?, pienso.Estos d�as he necesitado abrazar a Josi, mi amiga venezolana cuyo pueblo, El Junquito, ha sido devastado por los terremotos. Su pelo rizado, sus ojos bautismales, sus carnes alegres. No bastaban las palabras. Necesitaba su cuerpo.Y pienso que las palabras no son m�s que cicatrices de alguna herida que nace precisamente ah�, en el cuerpo.












