La llegada del verano astronómico, el pasado fin de semana, coincidió con el inicio de la primera gran ola de calor del 2026. Dicha ola, que ya ha empezado a remitir, tuvo su más elevada expresión el lunes y el martes pasados, cuando los termómetros alcanzaron una media peninsular 7,1 grados más alta de lo normal. Se dice rápido.Por definición, el fenómeno ola de calor tiene un componente excepcional: se trata de unas fechas en las que las temperaturas son anómalamente altas. Sin embargo, esa excepcionalidad se va reduciendo de modo progresivo. En los últimos 25 años del siglo XX hubo en España 129 días de olas de calor. Desde que se inició el siglo XXI ha habido 329. Es decir, mucho más del doble. En total, a lo largo de los últimos cincuenta años, España ha registrado ya cerca de ochenta olas de calor, lo que equivale a 458 días en esta situación térmica.Durante esta ola de calor, distintas partes de España han rozado, alcanzado o rebasado los 40 grados centígrados. Ha habido este tipo de episodios en Andalucía, pero también en regiones más frescas, como Cantabria. El manto del calor extremo se va extendiendo sobre toda la Península. A esta ola de calor se asocian al menos 212 muertes en el país.El calor ha apretado hasta causar situaciones agobiantes, de día y de noche. La subida de las temperaturas ha sido esta semana uno de los temas recurrentes de conversación popular. La sensación de bochorno ha sido omnipresente y la mayoría de los ciudadanos acusaban las incomodidades que de todo ello se deriva. Pero, además de dichas incomodidades, el episodio de calor ha tenido otros costes, acaso más preocupantes.A la primera ola de calor del verano, con máximas de más de 40º C, se asocian 212 muertesLos riesgos que comporta el calor extremo son de todos conocidos, y van desde las consecuencias para la salud pública –en particular entre personas mayores o con patologías cardiacas– hasta el incremento del número de incendios forestales, cada día más difíciles de controlar, pasando por una mayor cantidad de incidencias en distintos sistemas indispensables para el buen funcionamiento de la sociedad.Por tanto, podemos también hablar de los efectos negativos a escala económica de una climatología inclemente. Según el Informe sobre sostenibilidad ambiental en el sector público , preparado por el Ministerio de Hacienda, en el año 2024 se dotaron distintos programas para combatir la crisis climática con un total de 17.222 millones de euros, la mayoría de ellos incluidos en partidas para mitigar sus efectos.Pese a cifras tan elocuentes, todavía quedan personas que insisten en negar la existencia de la crisis climática y de sus devastadores efectos, a menudo influidas por las campañas que impulsan determinados intereses industriales y económicos. Sin embargo, la realidad es tozuda. Los científicos insisten en que siempre hubo cambios climáticos, pero la elevada velocidad a la que se producen en el último medio siglo les alarma y carece de precedentes sostenidos en los milenios previos. Olas de calor como esta las atribuyen a ese cambio climático causado por el efecto invernadero por las emisiones de combustibles fósiles. Los efectos de todo ello están ya bien documentados: el aumento de la temperatura global, el progresivo deshielo de los polos, la subida del nivel del mar, el consiguiente anegamiento de zonas costeras hasta ahora densamente pobladas y la proliferación de los fenómenos meteorológicos extremos, ya estén relacionados con ciclones, lluvias, sequías, incendios, etcétera.España ha sido un escenario destacado de la ola de calor, pero el fenómeno ha sorprendido a toda Europa, por ejemplo, el Reino Unido. En Francia se han alcanzado esta semana las temperaturas más altas desde que hay registros, y se han contabilizado al menos 40 muertes relacionadas con esta causa y un aumento de ingresos en urgencias, que hizo que el país declarara su máxima alerta sanitaria.El número de episodios muy cálidos dobla este siglo en España el del último tramo del anteriorEl fenómeno climático natural conocido como el Niño ya está en marcha y se teme que, debido a derivadas del calentamiento de las aguas del océano Pacífico, acabe propiciando episodios catastróficos en distintas áreas del planeta. Las calamidades naturales que antes parecían concentrarse en áreas tropicales alcanzan ahora con creciente frecuencia a países muy diversos, entre ellos los europeos.Ante esta situación, que sin duda se reproducirá durante este verano, caben dos respuestas. Una es inmediata y se resume en seguir los consejos que las instituciones dan a la ciudadanía para sobrellevar las altas temperaturas. Otra es de más largo aliento, y pasaría por el respaldo a partidos conscientes de la gravedad de la situación y cuyas políticas contribuyan a mitigar los daños de la crisis climática.