La cúpula de gases inyectados por los humanos a la atmósfera atrapa la radiación del sol y el planeta se abrasa. Fue el 20 de mayo cuando la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) explicó que España padecía un calor fuera de lo común. Desde ese momento, las altas temperaturas han castigado casi sin descanso. Aquel calor inusual “de verano” en plena primavera duró hasta el 2 de junio. Para el 21 de este mes, se declaró una ola de calor que subía el nivel de severidad un punto más.
“Aunque relevante por lo temprano, estos eventos son consistentes con el rápido calentamiento y la creciente frecuencia e intensidad de las olas de calor en Europa, que es el continente que se recalienta más rápidamente”, explican en el servicio de vigilancia por satélite de la Unión Europea Copernicus. Es decir, a medida que el cambio climático avanza, “Europa se recalienta y las olas ocurren antes y más allá del verano”, como ha acreditado el panel internacional de expertos IPCC.
La cuestión es que la crisis del clima provocada por los humanos instala ya un calor extremo que llega pronto y no se marcha. En el caso de este último pico térmico, la Aemet ha avisado de que durará, al menos, hasta el miércoles, pero que el alivio será todavía con “temperaturas altas”. Tras un par de días más suaves, la previsión es que el calor vuelva a apretar.














