En vísperas de que el lunes comience el verano meteorológico, buena parte de Europa se asfixia bajo un calor extremo para mayo. Solo desde el pasado día 20, España ha registrado cada jornada una temperatura máxima por encima de los 36 grados centígrados, según la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), con cifras jamás vistas para este mes en ciudades norteñas como Oviedo o San Sebastián. Reino Unido, Francia, Irlanda o Bélgica han batido sus récords de calor en esta época, y en Portugal y varios países balcánicos los termómetros han subido a guarismos del estío. La previsión para la España peninsular es que la situación se prolongue algunos días más.Cualquier duda de que la temperatura de la Tierra está subiendo cada vez más rápido por la quema de combustibles fósiles ya no es solo insensata sino irresponsable. La intensidad creciente del cambio climático provocado por el ser humano, sustentada en una irrebatible cantidad de datos científicos, se traduce, como vemos de forma reiterada y trágica en muchos lugares del planeta, en fenómenos meteorológicos extremos cada vez más frecuentes. Los últimos 11 años han sido los más cálidos jamás registrados a escala global, con 2024, 2023 y 2025 en el podio, por este orden. El comienzo de 2026 ha apuntado diversos indicios de que viviremos otro calentamiento máximo.El jefe de cambio climático de la ONU, Simon Stiell, ha calificado la actual ola de calor como “un brutal recordatorio de los crecientes impactos de la crisis climática”. El calor extremo es una amenaza para la salud pública. Un estudio de la revista Nature Medicine con los datos de una treintena de países indica que las muertes en Europa asociadas al exceso de calor superaron entre 2022 y 2024 las 172.000. En España, el exceso de fallecimientos atribuibles a las temperaturas rebasó el pasado año los 6.000, según el Instituto de Salud Carlos III. El noveno informe Lancet Countdown, publicado a finales de octubre, revela que de 2012 a 2021 murieron cada año de media en el mundo 546.000 personas por causas relacionadas con el calor.Las muertes prematuras suponen la cara más trágica del cambio climático, pero no se puede obviar el formidable daño económico en un planeta cada vez más desigual. Si se superan los dos grados de calentamiento, la emergencia climática puede llevarse por delante hasta un 20% del PIB global antes de 2050, concluye un reciente estudio del instituto de las aseguradoras británicas.El camino para que no se agrave esta crisis está claro y solo hace falta voluntad política real para abordarlo: reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y avanzar en una transición ecológica que descarbonice la economía y al mismo tiempo sea justa en lo social. No es imposible. La alianza para abandonar los combustibles fósiles, acordada a finales de abril en Colombia por 57 países que suman el 30% del PIB mundial, alumbra algo de esperanza en medio del avance del escepticismo climático o de la simple negación del calentamiento global. Otro peligro es el retroceso en las políticas medioambientales en algunos socios de la UE y en las ambiciones de la propia Comisión Europea, mientras sus ciudadanos experimentan en plena primavera este verano anticipado.El cambio climático no es un debate científico e ideológico, sino una realidad de cada día que afecta a nuestras condiciones de vida y nuestras economías, y define nuestro futuro como humanos. Prevenirlo y mitigarlo debe ser un esfuerzo primordial de todas las políticas públicas.
Europa se abrasa en mayo
El calor inusual que sufren varios países, entre ellos España, refuerza la urgencia vital de luchar contra el cambio climático











