No es algo subjetivo, son simplemente datos: el planeta se sobrecalienta por los gases de efecto invernadero y las consecuencias se sienten en todos los rincones, notablemente cuando aterriza el verano. Y de muchas formas: por ejemplo, con olas de calor que se han vuelto más intensas, frecuentes y largas debido al cambio climático. Además, como está ocurriendo en España, aparecen antes, alargando así ese infierno de días tórridos y noches insufribles.Este domingo ha comenzado la primera ola de calor de este verano en España. Es el remate para un junio que ya estaba siendo muy cálido y que vino precedido por un final de mayo con temperaturas altísimas en buena parte del país y de Europa occidental. Pero lo que viene en las próximas jornadas es mucho más; de hecho, viene un calor récord. José Ángel Núñez, meteorólogo de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), señala que las previsiones apuntan a que la España peninsular tendrá “los días de junio más cálidos desde, al menos, 1950″, cuando comienza la serie histórica de ese ente. El episodio se prolongará buena parte de la semana. “Las temperaturas comenzarán a descender a partir del jueves, aunque ese descenso se notará más en el oeste y el Cantábrico que en el Mediterráneo”, añade Núñez. El calor extremo mata. Aquel episodio de finales de mayo se cobró la vida de 101 personas, según el Sistema de Monitorización de la Mortalidad diaria (MoMo). Se trata de la cifra más alta para un mes de mayo desde que empezó a usarse en 2015 el MoMo. Ese riesgo sanitario hace que cada vez que llega un episodio de este tipo se activen también los avisos del Ministerio de Sanidad, que sirven para que las comunidades y ayuntamientos adviertan a su vez a la población. Este domingo, habrá riesgo medio o alto en 86 zonas isoclimáticas, que incluyen 5.266 municipios donde viven casi 21,9 millones de personas, cerca del 46% de la población española.El episodio que se inicia hoy no solo afectará a la España peninsular y Baleares —Canarias quedará a salvo—. Golpeará también a buena parte del sur y el oeste de Europa, con especial incidencia en Francia, como ya ocurrió a finales de mayo cuando arreciaron las críticas contra el Gobierno galo por su falta de prevención. Las olas llegan cada vez antes porque se están adelantando de la mano del cambio climático. Hace tan solo un cuarto de siglo, una ola de calor en junio como la de ahora, o una similar el año pasado, era algo realmente raro. Según los datos de la Aemet, entre 1975 y 2000 tan solo hubo dos olas en junio en la España peninsular. Entre 2000 y 2025, hubo diez, cinco veces más. El inicio de la época de olas se adelanta en el calendario a razón de cuatro días por década, como refleja la última edición de la Evaluación de riesgos e impactos derivados del cambio climático en España (ERICC-2025). Esto “da lugar a una estación cálida más prolongada”, explican los científicos que elaboran este documento. No existe una definición única internacionalmente aceptada sobre ola de calor. Para la Aemet, que es la que lanza los avisos especiales que ponen en guardia a las Administraciones en España, se trata de un episodio de al menos tres días consecutivos en el que como mínimo el 10% de las estaciones meteorológicas de referencia del país registran máximas por encima del percentil 95 de su serie histórica de máximas diarias de los meses de julio y agosto entre 1971 y 2000.Cuando se analizan los datos históricos, no solo se aprecia que llegan antes, se confirma que también son más frecuentes. De las 78 olas de calor que tiene contabilizadas la Aemet en la España peninsular en los últimos 50 años, 31 (el 40%) se han producido entre 2015 y 2025. Además, han crecido en intensidad y duración: en la última década, cada ola se extendió de media durante 7,2 días, frente a los 5 días de los anteriores 40 años. Es decir, ahora duran en España un 30% más. Las olas de calor son la dramática punta del iceberg. Lo que hay debajo es un planeta cada vez más caliente. Carlo Buontempo, director del Servicio de Cambio Climático del sistema europeo Copernicus, lo resume así: “Los 11 años más cálidos a nivel global se han producido todos en los últimos 11 años. No se trata simplemente de una rareza estadística extrema”. Es la demostración del calentamiento global causado por el ser humano. La situación en España es muy parecida: los últimos cuatro años han sido los cuatro más cálidos desde que arrancan los registros, como refleja el último informe sobre el estado del clima presentado esta semana. Entre los contundentes datos que contiene destaca uno: desde 1961 la temperatura media del país ha aumentado en 1,75 grados Celsius. Es decir, cambios de calado que se operaban en la Tierra en amplias escalas temporales se están dando en poco más de seis décadas debido a ese calentamiento forzado por el ser humano, principalmente con la quema de los combustibles fósiles.El nexo entre las olas y los combustibles lo sellaba bien un artículo publicado en septiembre pasado en la prestigiosa revista científica Nature. Un grupo de investigadores estudió 213 olas de calor históricas registradas en el mundo entre 2000 y 2023. Concluyeron que fueron más probables e intensas debido al calentamiento global. Además, analizaron las emisiones expulsadas por las mayores empresas del sector fósil entre 1854 y 2023, es decir, desde que arrancó la quema masiva de combustibles. Y determinaron que las emisiones históricas de esos 180 grandes productores de petróleo, gas y carbón y de cemento están detrás de la mitad del aumento de la intensidad de las olas.Todos los eventos diseccionados en aquel estudio, los 213, fueron cebados por el cambio climático. Pero, además, una cuarta parte (55) hubieran sido prácticamente imposibles sin el calentamiento actual. En el caso de España, investigaron ocho, entre los que destacaban las altísimas temperaturas del verano de 2022, un episodio que sin el actual nivel de calentamiento no se habría desencadenado. La era de los récords fugaces El verano pasado fue el más cálido en España, empatado con el de 2022. Además, estuvo marcado por tres intensas olas de calor. Como recordaba esta semana Rubén del Campo, portavoz de la Aemet, la última de ellas —que duró nada menos que 16 días— estuvo detrás de la “brutal ola de incendios” de agosto, que arrasó más de 300.000 hectáreas.Para que se diera aquella racha destructora de incendios de agosto, la peor desde los años noventa, fue clave también otra ola de calor: la que se vivió entre el 18 de junio y el 4 de julio, que ya secó la vegetación y allanó el camino para lo que llegó un mes después. Precisamente, algunos expertos estaban pendientes de cómo sería este final de junio de 2026 para intuir cómo puede ser la temporada de incendios. En cualquier caso, predecir con antelación cómo se desarrollará el estío en cuanto al fuego es realmente complicado al entrar en juego muchos factores. El calentamiento ha embarcado al planeta en la era de los récords fugaces. 2024 es, de momento, el año más cálido en la Tierra desde que hay registros fiables. Pero esta marca está amenazada por el inicio del fenómeno El Niño, un patrón climático caracterizado por el calor en la superficie del agua en las áreas tropicales del Pacífico que acaba teniendo efectos en todo el globo. La única duda es cuándo será destronado 2024. “No solo es posible, sino probable que se alcance otro máximo de temperatura media global en los próximos 12 o 18 meses. Si la transición hacia condiciones de El Niño fuera muy rápida, podría pasar que el 2026 rompiera dicho récord”, expone Buontempo. Pero este experto cree que lo más probable es que haya “que esperar hasta 2027 para llegar al récord”. En todo caso, se romperá.