Las olas de calor son cada vez más frecuentes, más intensas y más duraderas debido al cambio climático y al calentamiento global, cada vez más acusado durante los meses de verano. Así lo ha advertido este martes la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), que señala, en concreto, que las olas de calor han llegado en España a incrementar cada década 0,3 grados su intensidad y tres días su duración. "Tres décimas de grado puede parecer poco, pero cuando hablamos de temperaturas extremas, se nota mucho y la adversidad es mayor", asegura Rubén del Campo, portavoz de la Aemet.Buena muestra de que cada vez ocurren con más frecuencia es precisamente el mes de junio. Según los registros, desde 1975 se han producido en este mes un total de 12 olas de calor en España. Sin embargo, seis de ellas han ocurrido tan solo desde 2015. "Hay una evidencia de que los episodios de ola de calor aparecen ahora a comienzos de verano con mayor frecuencia de la que lo hacían en décadas anteriores", señala asimismo el portavoz de la Aemet. Otro gran ejemplo de este fenómeno fue el verano de 2025: "El verano pasado España estuvo uno de cada tres días bajo una situación de ola de calor, lo que significa que uno de cada tres días del verano de 2025 se registraron temperaturas extremas".Más allá de junio y del propio verano, mayo es otro mes donde también cada vez es más notable el calor intenso. En este sentido, Del Campo ha recordado que en este año durante el pasado mes ya se registraron temperaturas "extremadamente altas", con registros más característicos de verano que de primavera. Entre otros, destacaron los más de 37 grados a los que se llegaron en Santander o incluso los 24,5 que se vivieron durante una noche en San Sebastián. De igual manera, la Aemet advierte que las temperaturas medias anuales han crecido en España durante los últimos años. En total, se calcula que nuestro país se ha calentado alrededor de 1,8 grados desde los años 60 del siglo XX. Es más, en verano, la estación donde más adversidad produce el calor, el calentamiento ha sido aún mayor, con un aumento de casi 2 grados desde esos mismos años: "El verano es la estación que más se ha calentado del año y esto se nota en una mayor frecuencia, duración e intensidad de las olas de calor". Cambio climático antropogénicoEntre las causas, los expertos señalan un nombre claro: el cambio climático. En concreto, el cambio climático antropogénico, es decir, la alteración del clima atribuida a las actividades humanas, que es la que ha generado una adversidad mayor de las temperaturas: "Provoca un calentamiento tanto de la atmósfera como de los mares y océanos que rodean nuestro país. Y eso se traduce en temperaturas más altas", explica Del Campo. A ello se une la modificación de los patrones atmosféricos mundiales, también producida por el cambio climático, y que influye a su vez en el tiempo en España. Así, los patrones que generan las olas de calor se están viendo favorecidos y potenciados. "Las grandes dorsales anticiclónicas están siendo muy persistentes y provocan un calentamiento muy importante de la superficie, haciendo que el calor no pueda escapar durante varios días". Eso, en definitiva, se traduce así en más olas de calor. Necesidad de adaptaciónCon todo, desde la Agencia de Meteorología advierten de que el progresivo aumento de las temperaturas conlleva la necesidad de implantar políticas para adaptarnos a ellas. Más aún, cuando los pronósticos de cara al futuro es que los registros sigan aumentando cada vez más: "El cambio climático es una realidad, los veranos son más largos, más intensos... y tenemos que adaptarnos a ello. La mitigación de los efectos también es fundamental para que sean lo menos adversos posibles". Incluso independientemente de las medidas que se lleven a cabo, los expertos pronostican que las temperaturas van a seguir siendo más cálidas, especialmente durante los veranos, al menos hasta mediados del siglo XXI. Lo que ocurrirá durante la segunda parte del siglo aún está por determinar. "En función de la mitigación, de la reducción de emisiones a escala global, el calentamiento podría ser aún mayor o podría pararse", declara Del Campo. Por tanto, la adaptación al calor resulta esencial, más aún en un contexto en el que ya aparecen "condiciones de pleno verano" durante el curso escolar que se traducen en una mayor demanda de recursos hídricos, una mayor evaporación y mayores necesidades de riego, también mayores necesidades de consumo y el alargamiento de la estación donde el peligro de incendios es alto: "Todo ello requiere de una adaptación importante durante las próximas décadas".