Actualizado 30/06/2026 - 15:58h.
Cuando hace mucho calor, el hielo se derrite. Cuando el hielo se derrite, sale lo que había dentro. Cuando sale lo que había dentro, descubrimos un mamut chiquitito. Cuando vemos un mamut chiquitito, decimos «ooooh, qué mono». Pues algo así ha pasado en Francia. Ni ... hielo, ni mamut, ni «oooh, qué mono». Pero sí una ola de calor abrasadora que ha derretido cerebros, y una estupidez paquidérmica y lanuda que ha emergido en el debate público del país vecino, despertando un atronador: «¡pero qué gilipollez!». ¡Y –añado– qué alivio que a veces las bobadas siderales broten al norte de los Pirineos, y no aquí! Pero allí también tienen su izquierda radical posmoderna, con más pedigrí que la nuestra. De las profundidades de la sima intelectual que excavó Derrida, buscando unos diamantes que no existían, ha emergido (atención) la idea de que el aire acondicionado es de derechas.
Ola de calor
Calor
Francia











