Tomando el título de la famosa novela de García Márquez, parece que el Estatut de Autonomía de Catalunya no tiene quien le escriba. Sí, el aniversario de nuestro Estatut pasará discretamente entre las irresistibles controversias del momento y el ruido permanente que satura –y no positivamente– nuestra vida política e institucional.Es, a mi entender, una gran equivocación colectiva pensar que el Estatut que entró en vigor el 20 de julio del año 2006 no constituye un hito importante para nuestro autogobierno. Ya sé que es una obviedad, pero quiero recordar que el Estatut es la norma que, hoy, rige nuestras instituciones y determina las capacidades de autogobierno de la Generalitat de Catalunya. Es la norma vigente, sin la cual no dispondríamos de los extraordinarios instrumentos que otorga al Govern de Catalunya y al Parlament.Subestimamos lo que tenemos y deseamos lo que no tenemos, síntomas del tiempo que nos toca vivirSoy consciente que el recurso del PP ante el Tribunal Constitucional, las lamentables circunstancias en que se produjo la sentencia y el desacuerdo con su contenido, ha dejado la percepción que es una norma fallida, hecho que no se ajusta a la realidad.Esta percepción ha sido utilizada por muchos para argumentar que el Estatut es una “pantalla pasada”. Así se puso de manifiesto en aquel lejano 2017, cuando una parte del Parlamento decidió prescindir de él (a pesar de no disponer de la mayoría necesaria para derogarlo ni para modificarlo) y empezar la vía de la secesión que tantas secuelas negativas ha dejado en el país. Este cúmulo de hechos ha impedido que nuestra principal norma disfrute de un consenso del todo necesario.Diputados catalanes el día de la votación del Estatut en el Parlament Patricio Simón / PropiasConviene no menospreciar este Estatut y defender su vigencia y su despliegue. Es así como podemos avanzar en la mejora y la ampliación de nuestro autogobierno.El Estatut ha abierto el camino a nuevas competencias y ha hecho posible que el gobierno de Catalunya asuma el control de políticas públicas esenciales. Pondré solo tres ejemplos: la seguridad, la gestión tributaria o los servicios ferroviarios.Hoy el cuerpo de Mossos d'Esquadra se ocupa de la seguridad, en el sentido más amplio, del país. Lo que empezó con una presencia simbólica y territorialmente limitada, y después recibió por delegación funciones importantes como el tráfico, se ha convertido en el despliegue en todo el territorio de una policía integral. Ya no es una competencia delegada por el gobierno del Estado que pueda ser revocada, sino un título competencial expresamente reconocido.Hoy el ejercicio de competencias sobre el IRPF es un tema de debate y de negociación. Sería muy difícil hablar de ello si el Estatut no hubiera abierto la puerta al reconocimiento de estas capacidades en la gestión, recaudación, liquidación e inspección de los impuestos estatales.Lo mismo pasa en materia ferroviaria. Hoy tenemos en marcha la creación de una empresa mixta para la gestión de los servicios ferroviarios que transcurren íntegramente por Catalunya. Sin el título competencial que se establece en el nuevo Estatut, esta negociación sobre “el traspaso de Rodalies” sería imposible.Hago, pues, un balance positivo de lo que ha significado el nuevo Estatut. Ha sido bueno para Catalunya, bono también para las CC.AA. que siguieron la estela de Catalunya y bueno para España.Este es el Estatut del país. Subestimamos lo que tenemos y deseamos aquello que no tenemos... síntomas del tiempo que nos toca vivir. Dotémosle de más energía poniendo el acento en su despliegue. Trabajemos por un nuevo consenso sobre el mejor aprovechamiento de todo su potencial. Esforcémonos por recuperar por vía legislativa competencias declaradas inconstitucionales.Y mirémonos todos a la cara para preguntarnos si, en este momento, un Estatut como el que tenemos sería parlamentariamente posible.