“¡¡¡Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz, te deseamos todos, cumpleaños feliz!!!”, soplas las velas y es entonces cuando todos aplauden y tú te sientes la persona más querida del mundo, rodeado de tus seres queridos, e incluso de tu familia, que decían Tip y Coll. Un subidón de autoestima en medio de tanta negrura diaria, que si el alquiler, que si el trabajo, que si los hijos o los abuelos. Están bien esos actos de cariño. Pero si acaso fueras el dirigente máximo de un partido, seguro que optarías por celebrar un Comité Federal con tus gentes. Mucho mejor. No solo te quieren, no, es que te aplauden fervorosamente, te dan achuchones y golpes en la espalda, incluso te vitorean como si fueras un ídolo del rock y solo porque les da vergüenza te libras del manteo, hoy popular en los campos de fútbol, pero con larga proyección en la historia de las celebraciones festivas, como ya contara Cervantes de Sancho y documentara Francisco de Goya con aquel pelele volador.
Chute de adrenalina el recibido por Pedro Sánchez en el Comité Federal del fin de semana, incluso aderezado por una puntita picante de salsa Valentina, de nombre Emiliano García-Page. Por darle un poco de emoción, que los paseos triunfales son un muermo. Así que autoconvencido de que eres el mejor, aún tienes fuerzas y te arrancas con un aquel de chulería y dices a los cuatro vientos que convocarás las elecciones cuando te pete y además, duerman descansados los míos, las vamos a ganar. Hablar, ya se sabe, es gratis, pero seguramente está muy bien, para el ánimo de la tropa, que el general acierte en el tono de la arenga. Sitiado por las togas y los energúmenos de la prensa de derechas, insultado por una oposición gamberra, malherido por sus presuntos aliados y algún ejemplar de rancio fuego amigo, Sánchez confiesa que es “superior la fuerza que me lleva en el pulso que mantengo, y yo me parto la camisa como Camarón”, que gritaba Estopa.









