Cataluña llega a 2026 con varios retos y decisiones a tomar para definir el modelo económico que marcará los próximos veinte años. Análisis como el Pla Lidera del Govern, el Informe Fènix o las recientes notas de opinión del Cercle d'Economia ha puesto el foco, cada uno con su propia receta, de cómo deberían ser las próximas décadas en el territorio. El reto, que, esta vez sí, el crecimiento del PIB se traduzca en una mejoría clara del bienestar de los catalanes, algo que, en los últimos 20 años, marcados por la crisis de 2008 y la pandemia no ha sucedido de forma clara. Cómo alejar el fantasma de un desacople del PIB per cápita catalán de Europa es el deber que tienen los gobernantes hasta 2045. En los 20 años previos, la subida ha sido de apenas el 0,6% si se ajusta a la inflación.Lo primero que deberá escoger –en la medida que pueda- Cataluña es el modelo demográfico que quiere tener. La Cataluña de los 8 millones, de los 10 millones... Cada decisión viene con contrapartidas. Es obvio que una población que aumenta eleva el PIB y ayuda a cuadrar las cuentas públicas, pero es igual de cierto que añade tensión a los servicios públicos.
En esta línea van inversiones como los 4.350 millones de euros en infraestructuras o los nuevos campus hospitalarios del Joan XXIII de Tarragona o el Clínic de Barcelona. No obstante, reforzar la red de atención primaria y, especialmente, solventar de una vez el caos de Rodalies tienen tanto o mayor peso que estas grandes obras.







