El diagnóstico es bien conocido. Sabemos, desde hace tiempo, que la renta per cápita en Catalunya lleva más de 20 años estancada en euros constantes. Yo mismo lo resalté en un artículo a finales del 2022. La economía crece, pero la insatisfacción social es evidente. Basta con ver las recientes huelgas de maestros y médicos. El malestar se explica porque este crecimiento es en cantidad pero no en calidad. Tenemos más personas y más actividad, pero la generación de valor por persona –y, por tanto, de ingresos–, no mejora.El debate se ha centrado, desgraciadamente, en la composición sectorial de la economía. Ésta es una perspectiva errónea. Primero porque los sectores agrupan actividades diversas y no puede generalizarse. No todos los hoteles, por ejemplo, ofrecen la misma calidad de servicio. En segundo lugar, porque centrar el debate en los sectores provoca un enfrentamiento social innecesario y perjudicial. Como si unos sectores fueran buenos y otros malos. Y tercero porque es una visión analíticamente equivocada. La productividad de nuestra economía no es baja porque tengamos sectores económicos de baja productividad. Es más bien al contrario: como nuestra gente es poco productiva, las actividades de baja productividad son las que predominan. La pregunta que debemos hacer es porque tenemos una fuerza laboral y, en definitiva, un país, poco productivo.Sistema fallidoLa falta de graduados en FP y carreras técnicas es conocida y los resultados de PISA llevan años señalando este fracasoLa respuesta está básicamente en la baja calidad de nuestro capital humano. En la insuficiente formación de nuestra gente. También son relevantes tres factores adicionales: la calidad del capital público del que disponemos (infraestructuras, sanidad, etc.); en qué medida las empresas se ven obligadas a competir e innovar, y los incentivos que tienen las personas para estudiar, trabajar y esforzarse. Aquí juegan un papel primordial los impuestos y las prestaciones sociales, pero esto lo dejo para otra columna.En educación la falta de graduados en carreras técnicas y formación profesional es bien conocida y los resultados de PISA llevan años proclamando el fracaso del sistema. Esta es la razón principal de la baja productividad del país. La inversión pública, por otra parte, no ha ayudado ya que se haya realizado a menudo con objetivos partidistas en lugar de orientarse al bien común. Las crisis de Cercanías y el AVE lo demuestran. Y, por último, el marco legal que tenemos no facilita la renovación del tejido productivo. Por el contrario, en vez de propiciar los modelos de negocio disruptivos tiende a proteger a los operadores ya establecidos, dificultando la destrucción creativa schumpeteriana que es clave en una economía de mercado. La nueva ley del taxi en el área metropolitana de Barcelona es un claro ejemplo.Si examinamos las causas últimas de la baja productividad nos alejaremos de la estéril discusión sectorial e iremos a las cuestiones de fondo, aunque el diagnóstico no sea halagador. Pero si un país quiere mejorar, debe aceptar la realidad.