Roger Mateos |
Barcelona (EFE).- «Había llegado un momento en que Cataluña tenía que dar un salto adelante desde el punto de vista de su autogobierno, como mínimo lo tenía que intentar»: así se expresó en 2009 Artur Mas, entonces líder de CiU, para justificar la reforma del viejo Estatuto de 1979, cuando todo el mundo ya daba por hecho que iba a ser recortada por el Tribunal Constitucional (TC).
La reforma del Estatut había ido perdiendo adhesiones por el camino: en septiembre de 2005, el Parlament aprobó una propuesta con el apoyo de todos los grupos salvo el PP; en enero de 2006, Mas pactó con el entonces presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero un texto más asumible para el PSOE, pero del que se acabó desmarcando ERC; en 2010, el TC recortó algunos preceptos clave y desencadenó un movimiento de protesta que derivó en el ‘procés’.
Justo cuando se cumplen veinte años del referéndum del 18 de junio de 2006, que validó el Estatut posteriormente recortado por el TC, ¿cuáles son las claves de aquella convulsa operación para actualizar el autogobierno catalán y qué conclusiones sacan sus protagonistas?
De la euforia de 2005 a la frustración de 2010








