Roger Mateos |Barcelona (EFE).- «Estamos más enamorados de Cataluña que de un partido»: con estas palabras, Artur Mas se despedía de Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) y validaba la decisión de enterrar esas siglas para refundarlas en un nuevo proyecto.

Eran las cuatro de la tarde del 8 de julio de 2016 y CDC celebraba su congreso de disolución, cuatro horas antes de que arrancara allí mismo, en el Centro de Convenciones Internacional de Barcelona, el cónclave fundacional del partido en el que debía reencarnarse Convergència.

Diez años después, exdirigentes como Artur Mas, Jordi Turull, Josep Rull, Francesc Sánchez o David Bonvehí, consultados por EFE, reflexionan sobre la decisión de bajar la persiana a 42 años de historia de una formación que fue hegemónica en Cataluña, para alumbrar el PDeCAT, que tuvo una corta y deslucida trayectoria.

Carles Puigdemont y Artur Mas (d), en el congreso de refundación de CDC, en 2016. EFE/Andreu Dalmau.

Mas espera que Junts recupere «el mejor legado» de CDC