Aquella noche supuso el principio del fin de algo terrible. Al instante, la mirada de Paco Martínez Zambrana (1964, Torrevieja, Alicante) viajó como un relámpago por toda la sala para colisionar de lleno con la de su hermana y su cuñado. El estruendo fue indecible.
Era 1983 y estaba subido a un escenario en un pub de ambiente de Murcia, el Piscis. Llevaba un vestido despampanante y estaba a punto de comenzar su show. Su familia llevaba meses sin saber nada de su paradero. “No sé cómo me encontraron”, cuenta. Más tarde, mientras él lloraba, ambos le dijeron: “No hagas esto más”. Se referían, exclusivamente, a su desaparición.
Aquella noche supuso el principio del fin de algo terrible porque Paco pudo comenzar a desentumecerse. “Esa situación me estaba matando, porque yo no quería eso. Yo quería ser yo, pero sin tener que ocultarme de nadie, y menos de la gente que quería”, explica. Al llegar a su casa en Torrevieja, sus padres se alegraron de verle. Lo demás fue insignificante al lado de su regreso.
En ese momento Paco tenía 19 años. Hacía cuatro que la persecución legal de la homosexualidad en España había cesado, pero quedaban otros cinco para que lo hiciera la Ley de Escándalo Público, utilizada en la práctica para seguir reprimiendo la diversidad sexual. “Era todo muy difícil. Muy, muy difícil”, dice. Es una frase que repite cada pocos minutos. Cuando lo hace, su cuerpo se encoge, se retrae.














