Se abre el telón y aparece Jorge Ponce atado a un poste mientras una suerte de brujo le arranca el corazón a lo Indiana Jones y el Templo Maldito y Chanel estrena su nuevo éxito Matahari con un guirigay de fondo que parece la versión del camarote de los hermanos Marx realizada por John Waters. Es “el preshow”, bromeó un falsamente ensangrentado Sergio Bezos en un arranque grabado para dar el pistoletazo de salida a la nueva temporada de La revuelta. A la vuelta de la sintonía habitual se retomó la normalidad…, a medias. El look rubísimo de David Broncano fue la principal novedad, aunque ya se lo habíamos visto en alguna alfombra roja y en la conexión previa con Pepa Bueno en el Telediario, que para algo este es uno de los formatos estrella de TVE. “Crisis de los cuarenta”, han dicho los más malévolos en redes sociales, una apuesta veraniega que se ha alargado, según el presentador. Normal, a ver quién no tiene una amiga que ha vuelto de Cayo Coco con trencitas a lo Bo Derek.
Como no hay mejor muestra de inteligencia que saber reírse de uno mismo, las primeras bromas fueron para el propio Broncano, al que Miguel Campos, el “apoyo digital al presentador”, lanzó unos cuantos memes en los que lo comparaba con Mercedes Milá y con el señor Burns haciéndose el joven. Los rótulos del programa, ese recurso revalorizado por Cachitos de hierro y cromo, tampoco se quedaron atrás. “No toquéis el contraste en el mando, el pelo de David es así”, se pudo leer en el primero; el segundo tuvo más intención: “Segunda temporada y la última según los últimos sondeos”. El humor político va a seguir estando ahí; si algo funciona, ¿para qué cambiarlo?






