El 4 de julio se cumplen 250 años desde que 56 congresistas estadounidenses pusieron la pluma sobre el papel y llevaron a Estados Unidos a la condición de Estado soberano. 2026 marca también el 25º aniversario del 11-S, un momento que desafió fundamentalmente la soberanía estatal tradicional americana y cambió para siempre sus políticas exteriores. El número de verano del La Vanguardia Dossier, recopila el análisis de trece expertos en geopolítica Americana —juristas, periodistas, analistas políticos y economistas— y no se detiene en el pasado, sino que mira hacia el futuro para plantear una pregunta difícil: ¿Hacia dónde va Estados Unidos?Mientras que en su primer mandato Trump se ciñó a guardar las apariencias, aunque al estilo llamativo de Trump, sus ambiciones desde entonces han degenerado y se han vuelto “menos guiadas por los valores que en teoría constituyen la identidad americana y más preocupadas por el espectáculo y la transgresión”, escribe el jurista estadounidense Aziz Z. Huq. ¿Qué principios guían hoy a Estados Unidos? El segundo mandato ha visto un comportamiento pionero de Trump dentro de la política americana en este tipo de negligencia masiva hacia los valores y las normas que se han sostenido, en mayor o menor medida, desde su fundación hace más de dos siglos.El status quo americano, mientras tanto, parece sufrir el síndrome de Benjamin Button. A sus 250 años el país debería ir hacia adelante, pero todo apunta a un retroceso hacia una era pre segunda guerra mundial de “múltiples grandes potencias y unos conflictos desbocados” — la lectura de Robert Kagan, investigador político y colaborador de The Atlantic. Kagan sostiene que Trump ha tirado la toalla: Estados Unidos “ha decidido que ya no desea desempeñar el papel inédito en términos históricos de proporcionar seguridad global”. El país ya no se presenta como salvador del mundo, sino como una bomba de relojería. Para algunos, la era post americana es alcanzable — pero exige que Washington aprenda a no hablar fuera de turno y abandone el impulso de seguir moldeando el mundo a su antojo. ¿Multipolaridad o Superman global?Vanguardia DossierVanguardia DossierEl futuro de la política exterior estadounidense tampoco tiene una explicación sencilla. En 2026, el excepcionalismo estadounidense parece haber dado paso a la doctrina trumpista de “Estados Unidos primero”, basada en un enfoque más transaccional y unilateral. Sin embargo, según Dina Smeltz y Lama El Baz, del Chicago Council of Global Affairs, las prioridades de política exterior varían entre generaciones. Mientras los baby boomers (1946-1964) siguen dominando el gobierno estadounidense, la Generación Z (1997-2012) otorga mayor importancia a amenazas como el cambio climático y el programa nuclear iraní, y muestra una visión más favorable de China. ¿Cambiará la política exterior de Estados Unidos con el relevo generacional?En cuestión de un año, un demócrata asesinó al CEO de la aseguradora médica americana más grande del mundo, el activista ultra derechista Charlie Kirk fue asesinado respondiendo a una pregunta de un estudiante sobre tiroteos masivos, y el propio Trump esquivó una bala en un mitin electoral. ¿Habrá otra guerra civil? El periodista Jonathan M. Katz traza la línea entre la polarización extrema y el repunte de violencia política. Katz insinúa que la regla no escrita parece ser que si votas en rojo, sales premiado. Aunque es poco probable que la América del siglo XXI tenga campos de batalla, caballos, y mosquetes, lo que sí es cierto es que la inestabilidad y la violencia política seguirán en auge. Katz destaca la inquietante predicción de Barbara F. Walter; la experta en cómo comienzan las guerras civiles. Walter pone incluso fecha límite: entre 10 y 20 años de inestabilidad antes de que el país pueda deslizarse hacia una guerra civil.La última sección acoge las recomendaciones cinematográficas y literarias del profesor en Relaciones Internacionales Juan Tovar Ruiz que mejor explican a Estados Unidos hoy; desde la irresponsabilidad climática y la América apocalíptica y socialmente disfuncional de Don't Look Up, de Adam McKay, hasta el desmontaje del “sueño americano” que hace Philip Roth a través de antagonistas generacionales en su novela Pastoral americana.Quizás, sin embargo, la pieza que mejor sostiene la pregunta que este dossier intenta responder esté en la obra de Stephen Levitsky y Daniel Ziblatt. ¿Cómo mueren las democracias? La erosión de normas, la polarización extrema y un liderazgo errático y cada vez más demagógico son síntomas precursores a un líder que emprende un camino autoritario. Entonces, ¿Hacia dónde va la tierra de los libres? Es difícil predecirlo del todo. Pero si nuestro pasado informa a nuestro futuro, ¿actuará Estados Unidos de forma racional?