Este sábado 4 de julio, Estados Unidos cumplirá 250 años de existencia. La efeméride coincide con unos cuantos hitos de la presidencia de Donald Trump. Para empezar, ayer este publicó la declaración de ingresos anual a la que le obliga su cargo. En 2025, sus ganancias ascendieron a 2.000 millones de dólares. Proceden, en gran medida, de sus negocios de criptomonedas, un sector sobre el que él mismo ha legislado. Pero también de actividades paralelas como la venta de relojes, zapatillas y fragancias, y las licencias para que terceros en países como Arabia Saudí, que dependen en buena medida de sus buenas relaciones con Estados Unidos, puedan usar su nombre como marca comercial. Como parte de las celebraciones de aniversario, el Gobierno tiene previsto emitir una moneda conmemorativa con la cara de Trump, y esta adorna también una edición especial del pasaporte estadounidense y la fachada de varios edificios gubernamentales; como es ilegal que su imagen aparezca en los billetes de un dólar, de ahora en adelante, por primera vez en la historia, aparecerá su firma presidencial. Trump también ha denunciado al New York Times y al Wall Street Journal por ofrecer una cobertura negativa de su campaña y su presidencia y les exige decenas de miles de millones de dólares en compensación. Ha llamado a algunos jueces "monstruos" y "lunáticos", y a miembros del Tribunal Supremo "idiotas y lameculos", por tomar decisiones contrarias a sus intereses. Los padres fundadores de Estados Unidos, que crearon la novedosa filosofía política por la que se ha regido el país durante estos 250 años, estarían estupefactos. Al imaginar la nación, deseaban ante todo el fin de la figura del monarca que instauraba un culto a su personalidad y se enriquecía personalmente con los asuntos de su Gobierno. También quisieron experimentar por primera vez con las más radicales ideas de la Ilustración acerca de la igualdad de los individuos, la separación de poderes y la libertad de expresión. Pero que hoy estuvieran estupefactos no significa que no imaginaran que alguien como Trump llegara al poder. Esos padres fundadores —George Washington, Thomas Jefferson, John Adams, James Madison y otros— conocían la naturaleza humana con una asombrosa profundidad. Eran escépticos con que los ciudadanos estadounidenses fueran capaces de conservar una forma de gobierno republicana y racional. Sabían que los humanos tendemos al mal —"si los hombres fueran ángeles, no haría falta que existiera el Gobierno; si fueran ángeles quienes gobernaran a los hombres, no harían falta controles internos y externos al Gobierno", escribió uno de ellos— y pensaban que, con el tiempo, es inevitable que alguien malvado alcance el poder: "No siempre estarán al timón estadistas ilustrados", escribieron. Pensaban que lo máximo que puede hacer la política es poner límites a la megalomanía. "La acumulación de todos los poderes, del legislativo, el ejecutivo y el judicial, en las mismas manos […] puede considerarse justamente como la definición misma de tiranía". TE PUEDE INTERESAR Opinión Por eso se obsesionaron con crear una arquitectura institucional que dificultara que alguien como Trump llegara al poder. Tuvieron un éxito relativo. Trump, obviamente, fue escogido presidente de manera legal, y antes que él lo hicieron otros presidentes que tenían un carácter parecido y semejantes ambiciones autoritarias, como Andrew Jackson en 1829 o Andrew Johnson en 1865. Pero esos padres fundadores también se empeñaron en crear mecanismos para que, en caso de que un hombre así llegara a gobernar, se encontrara con limitaciones. En ese aspecto, su éxito está por ver. El sistema —empezando por el Tribunal Supremo y, en algunas ocasiones, también el Congreso— ha podido frenar algunas de sus iniciativas más claramente ilegales, pero Trump ha conseguido romper muchos de esos límites y ha dicho que la única constricción a su poder es su propia ética. La única pregunta que importa En este 250 aniversario del nacimiento del primer país que abrazó el liberalismo, aunque en numerosas ocasiones no estuviera a la altura de sus elevados principios, la única pregunta importante es si la deriva autoritaria de Trump es solo una de las crisis que los padres fundadores previeron o algo peor que eso: la señal de que los valores ilustrados y liberales ya no sirven para gobernar a las sociedades contemporáneas, como piensan cada vez más estadounidenses y occidentales en general, y es necesario dar más poder a caudillos como Trump y recortar las libertades individuales. TE PUEDE INTERESAR Estados Unidos inspiró la oleada de regímenes constitucionales que recorrió América Latina y Europa durante el siglo XIX, cuya influencia llega hasta la Constitución española de 1978. Aunque solo fuera por eso, nuestro agradecimiento a Estados Unidos debería ser eterno. Pero hoy, cabe dudar de si ese modelo estableció un método de gobierno universal y atemporal, o solo abrió una larga época liberal que hoy se está cerrando. Tengo una respuesta pesimista y una optimista. La pesimista es que cada vez más ciudadanos de izquierdas y de derechas, y por lo tanto cada vez más políticos, son partidarios de modelos más autoritarios que conjuguen la democracia electoral con la concentración de poderes en un líder semitiránico. La optimista es que los padres fundadores entendieron tan bien al ser humano que, después del episodio mitad dramático y mitad grotesco que es la presidencia de Trump, el liberalismo estadounidense seguirá vivo y desearemos seguir imitándolo. Este sábado 4 de julio, Estados Unidos cumplirá 250 años de existencia. La efeméride coincide con unos cuantos hitos de la presidencia de Donald Trump. Para empezar, ayer este publicó la declaración de ingresos anual a la que le obliga su cargo. En 2025, sus ganancias ascendieron a 2.000 millones de dólares. Proceden, en gran medida, de sus negocios de criptomonedas, un sector sobre el que él mismo ha legislado. Pero también de actividades paralelas como la venta de relojes, zapatillas y fragancias, y las licencias para que terceros en países como Arabia Saudí, que dependen en buena medida de sus buenas relaciones con Estados Unidos, puedan usar su nombre como marca comercial.