La conmemoración del 250 aniversario de la independencia estadunidense prometía ser una celebración de unidad nacional, pero el festejo principal del 4 de julio se convirtió en un retrato del país que llega a esa fecha polarizado y enredado en una disputa sobre quién tiene derecho a contar la historia nacional.
La efeméride llega en medio de una pelea del presidente Trump no solo con demócratas, sino con su propio partido, el republicano, en torno a la Save America Act, la retirada de artistas de eventos oficiales, la confusión entre las marcas America 250 y Freedom 250, la escasa visibilidad de algunas actividades y la presencia de actos alternativos organizados por grupos que no se sienten representados por la narrativa oficial.
“Se trata de una conmemoración y no necesariamente una celebración, ya que tenemos la responsabilidad de mostrar la complejidad y los matices de la historia”, afirmó Kristin O’Brassil-Kulfan de la Asociación Americana de Historiadores.
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