Misantrop�asS�nchez dice que ser� Feij�o quien traiga la corrupci�n y aplaude como un man�aco al Congreso que le pide que se marcheEl presidente del Gobierno, Pedro S�nchez.EFEActualizado S�bado,

junio

22:37Audio generado con IATodos los episodios de Dimensi�n desconocida, la legendaria serie televisiva de finales de los 50 que tanto marc� al joven Spielberg, empiezan con la voz grave de su creador —Rod Serling— explicando el sentido del t�tulo: hay una zona crepuscular que los hombres desconocen, situada entre la luz y la sombra, donde se manifiestan fen�menos que la ciencia es incapaz de explicar. Pues bien: Pedro S�nchez y sus aliados quieren convertir la democracia espa�ola en un largo episodio de Dimensi�n desconocida. O sea: un lugar donde no rigen las normas —ni las escritas ni las t�citas— de la democracia liberal ni se respeta al Estado de derecho; un lugar donde el partidario de la racionalidad democr�tica y la vigencia de las leyes se convierte en un aut�ntico extraterrestre.As� lo demuestra la reacci�n oficialista a la sentencia del Tribunal Supremo que condena a �balos y Koldo a largas penas de prisi�n: ambos se prevalieron de su autoridad p�blica para perpetrar graves corrupciones en el coraz�n del Estado. S�nchez habla de �piedras en el camino�, dice que ser� Feij�o quien traiga la corrupci�n y aplaude como un man�aco al Congreso que le pide que se marche; el argumentario de su partido pone el foco en la pena impuesta a V�ctor de Aldama y los socios siguen hablando de lawfare pese a que los hechos juzgados son incontestables. Cap�tulo aparte merecen las manifestaciones de culto a la personalidad que salen del laboratorio monclovita y publica la prensa amiga: miedo dan. Si a todo ello se le suma la promesa de un gasto p�blico infinito, el resultado es una versi�n espa�ola de la autocracia electoral.Tampoco cabe sorprenderse: una de las patolog�as m�s comunes en la democracia sentimental es la dependencia emocional del l�der caudillista, trasunto de aquel �dictador electoral� conceptualizado por Max Weber. S�nchez ofrece un trato sucio a sus votantes: hagan como si no pasara nada, v�tennos, les sale a cuenta y todo vale contra la derecha. Que haya tanta gente —partidos, periodistas, tertulianos, intelectuales— interesada en proyectar esa visi�n paralela de la realidad causa zozobra; que sean los mismos que aplaud�an muy concernidos las movilizaciones contra Orban produce verg�enza ajena. �Todos a la dimensi�n desconocida!Ahora bien: el Tribunal Supremo ha dicho, por medio de una ejemplar sentencia un�nime, que Espa�a no es ese lugar. O mejor dicho: que no lo es todav�a. Est� en manos de los ciudadanos que nunca llegue a serlo. Y no sabe uno si re�r o llorar.