Hay cosas que si te las cuenta una serie de Netflix, apagas la televisi�n por inveros�miles. Pero en la Espa�a de finales de diciembre de 1981, un pa�s que todav�a ol�a a pegamento de Transici�n, a humo de tabaco de bardo y a miedo post 23F, la realidad no solo superaba a la ficci�n. Anoche, Mamen Mendiz�bal volvi� a demostrar en Anatom�a de... que para abrir en canal la historia de este pa�s no hacen falta grandes alardes, sino saber d�nde poner el bistur�. Y hoy el corte iba directo al coraz�n de la cultura pop y la tragedia nacional: el secuestro del doctor Julio Iglesias Puga. S�, Papuchi.Rebobinemos hasta aquella Navidad de principios de los 80. El 29 de diciembre de 1981. Espa�a entera intentando asimilar que el divorcio ya era legal mientras Julio Iglesias, un tit�n global que ya cantaba a los dolores del alma desde Miami, se pon�a el mundo por montera. Su ex m�nager (y amigo-enemigo �ntimo), Fern�n Mart�nez, lo dejaba claro en el programa con una frase que es pura radiograf�a de la idiosincrasia patria y que Julio Iglesias le dijo cuando puso un oc�ano de por medio: "Hay que huir de Espa�a. Espa�a es can�bal. Le gustan los toros por ver c�mo cogen al torero". Julio lo sab�a. Intent� ponerle escolta a su padre, pero el ginec�logo, un bon vivant irreductible con una agenda social m�s apretada que la del rey, la rechaz� de plano. Solo acept� cambiar el Mercedes por un coche mucho m�s discreto. De nada sirvi� ante el canibalismo patrio.La reconstrucci�n del enga�o que hace el programa es puro cine negro ca�� con tintes de comedia berlanguiana. Papuchi vuelve de pasar la Nochebuena con su hijo en Miami, pues ten�a organizado celebrar el fin de a�o en Canarias con su novia de entonces. Aterriza en Madrid el 28 de diciembre y cae de bruces en la trampa de unos supuestos periodistas que le piden una entrevista para un medio alem�n. Papuchi se lo piensa y los falsos periodistas le ponen el mejor cebo para tal pescado, una amable periodista que suaviza el 'negocio' con el doctor. Cuando regresa de Miami se encuentra con un regalo de esos supuestos periodistas, un televisor en color. Retoma las conversaciones con ellos y le prometen una entrevista en un plat� de Prado del Rey. �l, que era puntual brit�nico, llega a la cita; los "periodistas" se retrasan. Cuando el doctor empieza a mosquearse y decide irse a la consulta, aparece el supuesto reportero. En mitad de la carretera de El Pardo, el coche se detiene. Pistola en mano, la frase de rigor: "Esto es un secuestro, o coopera o le pegamos un tiro".A partir de ah�, el horror en primera persona: unas pastillas para dormirlo, un esparadrapo tan grande en la cara que le tapa hasta los orificios de la nariz -tuvieron que hacerle agujeros de urgencia para que no se les muriese el reh�n antes de empezar-, un saco en la cabeza, un golpe y al maletero.Una escena de Anatom�a de... el secuestro de Papuchi.ATRESMEDIAMamen Mendiz�bal, flanqueada por los testimonios punzantes de periodistas como Mabel Galaz o la bi�grafa Julia Higueras, record� anoche algo fascinante: la jerarqu�a sagrada y casi mafiosa de la familia Iglesias. Julio pod�a ser Dios en la tierra, el hombre que manejaba la crisis entre bambalinas, el que controlaba cada foto y cada portada mientras se peleaba con su m�nager, pero ante su padre se cuadraba. Literalmente. Mart�nez confes� entre risas que Julio, a sus 40 a�os y siendo una estrella mundial, era capaz de tragarse el humo y el cigarrillo encendido si Papuchi entraba en la habitaci�n. Al padre no se le tos�a.Por eso, verse responsable indirecto del secuestro de su progenitor hundi� al cantante en el peor momento de su vida (solo equiparable, dice Mart�nez con dardo envenenado incluido, a la reciente denuncia de sus empleadas de hogar). Julio Iglesias estaba dispuesto a todo. Tanto que, en un giro geopol�tico delirante que r�ete t� de las pel�culas de esp�as, lleg� a hablar con el mism�simo Ronald Reagan para que el FBI interviniera y le permitiera saltarse las leyes financieras para sacar las divisas necesarias para pagar el rescate. El dinero estaba listo en Madrid, metido en bolsas y custodiado por su hermano Carlos, esperando una llamada que nunca llegaba.Y no llegaba porque los captores no eran chorizos de barrio. La polic�a espa�ola, que daba palos de ciego buscando delincuentes comunes en los ambientes m�s s�rdidos de la capital, tard� m�s de una semana en descubrir la verdad. Y lo hizo de carambola.El relato de Juan de Domingo Martorell, jefe de la unidad antiterrorista de la �poca, es una delicia televisiva. Mientras el grueso de la lucha antiterrorista estaba en el Pa�s Vasco pendiente de otro secuestro (el del empresario Jos� Lipperheide), detienen en un control de carretera a un tipo con tres metralletas y un Renault 12 con un respiradero camuflado en el altavoz del maletero. Martorell le ofrece protecci�n para �l y para su mujer a cambio de informaci�n sobre Lipperheide. Y es entonces cuando el terrorista suelta la bomba: "A usted le interesa el padre Iglesias". Los polic�as, en el paroxismo del despiste de la �poca, pensaron en un cura revolucionario vasco metido en un comando. "�Pero no conocen a Julio Iglesias? Lo tenemos nosotros". Era ETA Pol�tico-Militar, estrenando el primer "comando familiar" (padre, hija y novio reci�n reclutado) de su sangrienta historia.A partir de ah�, el programa se convierte en un thriller contrarreloj. Ten�an horas para liberar al terrorista. Le llevan a casa para que recogiera ropa. Suena su tel�fono: es la banda ech�ndole la bronca por llevar d�as desaparecido.El terrorista sale al paso con lo primero que se le ocurre, su mujer est� hospitalizada; ha funcionado. La polic�a le obliga a concertar una cita en un descampado para una "prueba de vida" con otro terrorista, al que detienen. Ven�a directamente del zulo... y el tiempo corre. El sospechoso se niega a abrir la boca e ir a ciegas a la casa puede acabar en carnicer�a. El detenido se niega a hablar en comisar�a ni a cambio de todos los fondos reservados del Estado -"Mucho, mucho, mucho dinero", asegura Martorell-. La resoluci�n lleg� por el detalle m�s insignificante: un carnet de conducir falso con una direcci�n real: Plaza de Espa�a n�1, Trasmoz (Zaragoza). Un pueblo misterioso, famoso por sus leyendas de brujer�a, que en 1981 solo ten�a un tel�fono. Una llamada de la polic�a a la telefonista local ("Mire, �all� se alquilan habitaciones en la plaza?") bast� para que la buena mujer cantara el mapa del pueblo: hab�a tres casas en Plaza de Espa�a; una abandonada, otra de una anciana y una tercera habitada por una pareja vasca. Al terrorista no le qued� otra que palidecer, pedir una cuartilla y dibujar el zulo al detalle.El cl�max de la noche lleg� con el relato �pico y gamberro del asalto de los GEO (con el testimonio directo del agente Arturo Hidalgo). La entrada a la una de la madrugada en Trasmoz tuvo que ser abortada por culpa del folclore: era San Ant�n, las fiestas del pueblo, y cinco o seis mozos locales salieron de la taberna borrachos perdidos cantando a grito pelado "Asturias, patria querida". Los GEO tuvieron que cuerpo a tierra, neutralizarlos en las sombras para que no dieran la alarma y esperar en el fr�o de la noche a las tres de la madrugada para llevar a cabo el asalto.La intervenci�n dur� diez segundos. Limpia. Fulminante. Al tirar la puerta abajo, la reacci�n del doctor Iglesias Puga fue la guinda perfecta para el nacimiento del mito pop: "Co�o, parec�is astronautas". Eso s�, el orgullo de Papuchi segu�a intacto. Al ver los uniformes, les espet� que "ol�an mal y iban muy mal vestidos", desconfiando de si eran polic�as de verdad y quej�ndose de que su hijo Julio no hubiera pagado el rescate antes porque, sencillamente, nadie se lo hab�a pedido.El final es historia de una Espa�a que ya no existe. El presidente Calvo Sotelo llamando a Miami para darle la noticia al cantante y un detalle maravilloso que Mendiz�bal no quiso dejar pasar para cerrar el c�rculo del surrealismo ca��: con las prisas y la adrenalina de la liberaci�n, Papuchi se dej� la dentadura postiza olvidada en el zulo de Trasmoz. �Qui�n se la recuper� y se la devolvi� d�as despu�s como si fuera un trofeo sagrado? Un periodista de la revista Intervi�.Mendiz�bal firm� una de sus mejores disecciones de la temporada. Porque para entender la Espa�a de hoy, a veces hay que mirar los s�tanos de la Espa�a de ayer. Y descubrir que, entre el terrorismo m�s oscuro, las llamadas a la Casa Blanca, los GEOs cuerpo a tierra y el brillo del papel cuch�, siempre hubo un punto de conexi�n llamado Julio Iglesias. Y lo sabes.