La sombra del burroEl presidente del Gobierno se aplica una convicci�n providencial que le permite eludir la rendici�n de cuentas. Tuvo algo de c�mico que repitiera ante el Comit� Federal, casi calcado, su discurso exculpatorio del mi�rcolesActualizado S�bado,
junio
22:38Las carcajadas de S�nchez son el resumen de la legislatura: el s�mbolo de la arbitrariedad del poder. El mismo Congreso que lo hizo presidente le insta ahora a dimitir pero �l no se da por aludido. Le da la risa. La votaci�n del jueves tiene el alt�simo valor pol�tico de retratar una mayor�a parlamentaria contraria al jefe del Ejecutivo y deja a�n m�s en evidencia la maniobra propagand�stica de presentar, este a�o s�, los Presupuestos. Sobre todo afianza que S�nchez ya no gobierna sin el Poder Legislativo, sino contra la C�mara y al margen de sus controles.Cuando S�nchez repite "�c�mo no vamos a seguir!", est� confundiendo deliberadamente la �pica de la resistencia con la legitimidad democr�tica, seg�n la brillante observaci�n que hizo aqu� I�aki Ellakur�a. Para �l, sus rivales son siempre ontol�gicamente ileg�timos. El presidente se aplica una convicci�n providencial que le permite eludir la rendici�n de cuentas y elevar a emergencia p�blica el bloqueo de la alternancia, en el pa�s y en su partido.El alborozo impostado de S�nchez y sus diputados ofrece la imagen del refugio desafiante del poder cuando ya no puede ofrecer autoridad. Hay un hilo que conecta esta risotada defensiva con la que proyect� la luz oscura de la legislatura en el momento fundacional de la investidura: aquella arrancada histri�nica para ridiculizar a Feij�o con la que escenific� su estrategia de polarizaci�n y situ� la amnist�a en esa misma l�gica intolerante y contraria al pluralismo. "Hacer de la necesidad, virtud" significaba exactamente eso: estar dispuesto a hacer cualquier cosa, incluso doblegar la ley, con tal de evitar que gobierne la derecha.Tuvo algo de c�mico que S�nchez repitiera ayer ante el Comit� Federal, casi calcado, su discurso exculpatorio del mi�rcoles en el Congreso. Es su forma de negarle autonom�a pol�tica al anta�o �rgano deliberativo, hoy convertido en plataforma de aclamaci�n. Hasta aqu� ha llevado su cesarismo: hasta el punto de regodearse en la postraci�n de su propio partido. Page se quejaba de que no hubiese dicho ni una palabra de la sucesi�n de cat�strofes electorales en las comunidades aut�nomas, pero es que no se trataba de debatir nada, sino de fijar doctrina ante la tribu.No hay ninguna explicaci�n nueva, sino un relato �nico de supervivencia que transforma la corrupci�n del PSOE en la prueba de su virtud. El esc�ndalo moviliza. El que mejor lo resumi� todo fue Patxi L�pez: "�Yo con Bego�a, yo con Bego�a!". A Javier Lamb�n le gustaba decir que el modelo de organizaci�n pol�tica que propone un l�der casi siempre se corresponde con el que ofrece a la sociedad. Y en esas estamos. En la construcci�n de realidades alternativas y en la fanatizaci�n de las bases. S�nchez habla como un presidente cercado que impone que todas las instancias -Congreso, Gobierno, PSOE, militancia- acepten una misma premisa: lo que ocurre s�lo significa lo que �l decide que significa.Necesita que sea as� porque la sentencia del Supremo que conden� a �balos a 24 a�os de c�rcel es un misil cuyas consecuencias todav�a no alcanzamos a imaginar. Un contundente mensaje al conjunto del Estado para que reaccione de forma implacable frente a la "colonizaci�n de las instituciones" y la corrupci�n que "socava la arquitectura institucional de la democracia". En definitiva, un artefacto explosivo frente a quien pretende que la identificaci�n partidista sustituya al inter�s general de los ciudadanos como gu�a moral de las autoridades y funcionarios p�blicos porque esa es la forma de desactivar los controles y contrapesos.La unanimidad de la Sala constata la superaci�n definitiva de la prueba de resistencia que represent� el proceso contra el fiscal general del Estado. Ahora s�, S�nchez queda en posici�n de extrema debilidad, en manos del incentivo que el tribunal ha entregado a los subalternos que est�n dispuestos a colaborar con la Justicia para extirpar el aut�ntico mal que destruye la confianza ciudadana, que es la corrupci�n instalada en el coraz�n del poder.Habr� efecto llamada y lo habr� pronto. Leire D�ez ya le ha dicho a Ana Rosa Quintana que la sala de m�quinas de las cloacas la supervisaba Antonio Hernando. Julio Mart�nez comparece el 21 de julio despu�s de que las agendas de Zapatero revelen que utilizaba la influencia que le daba su condici�n de ministro t�cito como fuente de riqueza como comisionista nacional e internacional. Pero es sobre todo en la causa que afecta a su esposa donde ha aparecido el material m�s inquietante para el presidente: nadie se va a creer que la recomendaci�n de Bego�a G�mez y el apoyo p�blico que le daba S�nchez no tienen nada que ver con el escandaloso ama�o de los concursos por 12 millones que se adjudicaron a su empresario amigo Barrab�s. Aqu� empieza el peligro real.












