Tierra de nadieEl presidente del Gobierno, Pedro S�nchez, y su ministro de Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, F�lix Bola�os, en el Congreso el pasado juevesEFEActualizado Lunes,
junio
02:48Audio generado con IAEl Congreso de los Diputados quiere disolverse, pero Pedro S�nchez no le deja. En su batalla infinita contra las instituciones, los contrapoderes y los equilibrios democr�ticos, el presidente del Gobierno ya tiene un nuevo enemigo: los representantes del pueblo espa�ol. Nunca ha sido S�nchez muy amigo de tener que explicar nada a los diputados, ni de responder a sus preguntas en sesiones de control, ni de llevarles a la C�mara unos presupuestos para que los debatan y aprueben. Ya dijo en su momento que gobernar�a sin el Poder Legislativo si era necesario, en esta costumbre sanchista de poner en valor a las instituciones solo si est�n de acuerdo con �l, y si no que les den. Pero ahora ha dado el paso de gobernar sin el Congreso a gobernar contra el Congreso, y este es un salto cualitativo importante.Que una mayor�a de la C�mara Baja pida al presidente que convoque elecciones es una anomal�a de estas que nunca hab�amos visto. El Parlamento quiere disolverse para que los espa�oles puedan elegir otro, porque entiende que la configuraci�n que sali� de las �ltimas elecciones ya no representa a la sociedad. Pero no tiene instrumentos para materializarlo. La �nica persona que puede hacerlo es el presidente del Gobierno, que ha respondido a la demanda con una risotada y un epitafio sobre la l�pida de la separaci�n de poderes: �Abandonad toda esperanza�.El Congreso puede presentar una moci�n de censura, s�, pero la naturaleza que los constitucionalistas dieron a esta herramienta la hacen inviable en la situaci�n pol�tica actual. La moci�n de censura exige la presentaci�n de un candidato alternativo para la Presidencia del Gobierno, pero Feij�o tampoco tiene los votos necesarios para ser investido. Una votaci�n que disuelva el Parlamento y convoque elecciones tendr�a mayor�a. Una que haga presidente a Feij�o sin urnas mediante no la tiene.As� las cosas, el Congreso no puede sostener al Gobierno actual, no puede sustituirlo por uno nuevo y tampoco puede disolverse para que los espa�oles elijan uno nuevo. Por eso la petici�n de elecciones anticipadas no es un capricho ni un atajo para que S�nchez abandone el poder de forma anticipada, sino una necesidad democr�tica. Un duelo de minor�as como el actual, en el que ninguno de los dos partidos mayoritarios es capaz de garantizar un Gobierno efectivo apoyado en una mayor�a parlamentaria, debe ser resuelto en las urnas cuanto antes.Todo lo dem�s, incluidas las ansias que puede tener el PP por llegar a La Moncloa, las ganas de revancha de Vox o el oportunismo de un Junts en busca de supervivencia, es realmente secundario.Tambi�n lo es el rencor que puede acumular tras tantos a�os en la brecha alguien como Emiliano Garc�a-Page. Su voz, solitaria una vez m�s, en el Comit� Federal del s�bado tiene m�s valor para el PSOE que todas las que desfilaron en apoyo de S�nchez juntas y est� por encima de sentimientos personales, que a nadie se le escapa que los hay. Su reclamo de elecciones y su defensa de las instituciones democr�ticas ofrecen a su partido un discurso �tico al que agarrarse en un momento de tantos vac�os morales. Cuando el partido quiera, claro, si es que quiere alg�n d�a. Page cree que s�. �l es el �nico bar�n que le queda al PSOE, con Adri�n Barb�n en un discreto y c�modo lugar secundario. Salvador Illa es otra cosa y los dem�s secretarios generales no existen, ni siquiera la presidenta navarra, Mar�a Chivite: el poder lo dan los votos y nada m�s. El encargado principal de responder a Page fue �scar L�pez, que es ministro de alguna cosa, lidera el tercer partido en Madrid y su mejor horizonte pol�tico es, si acaso, ser l�der de la oposici�n contra Ayuso.De momento, el PSOE oficial aplaude a L�pez e ignora a Page. Como el sult�n de Sherezade, el partido va escuchando mil y un cuentos para mantenerse entretenido y no ver la realidad. S�nchez hizo cero autocr�tica y no ofreci� nada, y eso les pareci� bien a los dirigentes del Comit� Federal. La tesis m�s extendida entre los socialistas es que nada se puede mover mientras S�nchez siga en La Moncloa, pero empieza a vislumbrarse que el objetivo es que no se mueva nada tampoco cuando ya no est� en ella. Al tiempo.















