El Congreso vuelve a constatar la soledad de Pedro s�nchez al aprobar, con el apoyo de Junts, sendas mociones para que dimita o se someta a una cuesti�n de confianza.El Congreso de los Diputados aprob� ayer, con el apoyo de Junts, una moci�n del PP que pide la dimisi�n de Pedro S�nchez "por la acumulaci�n de investigaciones sobre casos de corrupci�n que tienen como protagonistas a responsables pol�ticos nombrados por �l". Y por si esta primera moci�n no fuera atendida, como se espera, el Parlamento aprob� otra para instarle a considerar la oportunidad de plantear una cuesti�n de confianza. Las iniciativas pueden parecer un brindis al sol, pero en este momento de debilidad del Gobierno tienen un enorme valor emocional.Ambas acciones, aprobadas por sendas mayor�as, no tienen ning�n rango legal, porque es el propio presidente el que tiene la prerrogativa de llevarlas a cabo, pero surten el mismo efecto sobre la moral de S�nchez que nombrar la soga en casa del ahorcado. El mismo S�nchez que durante tanto tiempo se mostr� jocoso y brome� con la impotencia del Partido Popular para poner a otros grupos de su parte y que dec�a aquello de que "Feij�o no gobierna porque no quiere" est� probando ahora de su propia medicina. Su derrota en el Congreso, ese lugar por el que S�nchez ha venido demostrando un notable desapego -dijo que gobernar�a con o sin el Parlamento, y en buena medida lo ha cumplido abusando del decreto ley para temas ordinarios como si no hubiera un ma�ana-, es como la gota malaya que constata su soledad. Y ahora ya sabe que la gota no va a dejar de manar.Al presidente no hay d�a que uno de sus socios no le pierda el respeto y le recuerde que est� desnudo. Y en ocasiones, como este pasado mi�rcoles, no fue solo uno de los socios sino todos los que le recordaron que ya no es digno de su confianza. En estas condiciones, la pregunta que todo el mundo se hace es �a qu� espera S�nchez para acabar con la agon�a y convocar elecciones? Lo �nico que espera es un milagro. El presidente se ha convertido en un aut�ntico lud�pata del poder y espera una buena mano que revierta su ruina antes de que cierren el casino.Seg�n la visi�n id�lica que tiene de s� mismo, todo lo que acontece a su alrededor es humo con el que sus enemigos est�n tratando de distorsionar la realidad y solo tiene que esperar a que se disipe para que los espa�oles "puedan elegir, con toda la informaci�n, qu� partido est� m�s capacitado para gobernar". Su problema es que tanto la informaci�n como la realidad le son especialmente esquivas. Desde que lleg� al poder de la mano de un ignominioso pacto con los nacionalistas catalanes (amnist�a y m�s prebendas a cambio de sus siete votos para llegar al poder), pr�cticamente no hay d�a que no surja un nuevo esc�ndalo en su Gobierno o en su entorno familiar. Y no se puede decir que sea solo humo porque muchos de estos casos se han traducido ya en condenas como las que se acaban de dictar contra su exministro y exsecretario de organizaci�n, Jos� Luis �balos, y su lugarteniente Koldo Izaguirre, al que S�nchez defini� como "uno de los gigantes de la militancia". O como la condena contra su fiscal general del Estado, �lvaro Garc�a Ortiz.Pese a todo lo que le rodea y la cercan�a manifiesta con los condenados, el presidente es incapaz de hacer la m�nima autocr�tica y asumir cualquier responsabilidad y se presenta como una v�ctima inocente de no se sabe qu� conspiraci�n que �l atribuye unas veces a la ultraderecha, otras a los medios y cada vez m�s a los jueces. Y luego presume de ignorancia. Este pasado mi�rcoles dej� claro que si por alguna casualidad se descubriera un tema de financiaci�n irregular en su partido, ser�an otros los culpables. Con Pedro S�nchez al frente el PSOE se est� convirtiendo en una parodia de las que gustaba Monty Python. Aquella en la que el Rey Arturo combate con el Caballero Negro hasta que le amputa los brazos y las piernas. Y cuando Arturo se aleja habi�ndole convertido en un tronco inamovible, el Caballero Negro le llama cobarde y le acusa de huir. El sanchismo es ahora ese Caballero Negro.La permanencia de Pedro S�nchez en La Moncloa empieza a tomar tintes dram�ticos. Su periplo no da ya para m�s. Pol�ticamente est� desahuciado porque el horizonte penal que pesa sobre su familia y colaboradores cercanos, entre los que estar�a el propio expresidente Zapatero, tiende a infinito. Pero no se acaban de dar las condiciones para que tire la toalla. El momento pol�tico de este pa�s se parece bastante a esa maravillosa obra de Luis Bu�uel, El �ngel Exterminador, en la que todos los invitados a la cena saben que el sarao ha acabado pero, por lo que sea, es imposible cruzar el umbral que conduce a la salida. Casi todos los grupos condenan ya la permanencia de S�nchez, pero a la hora de la verdad todos se resisten a dar el paso definitivo para que hablen las urnas. Salvo Bildu y en menor medida Sumar, que han demostrado una lealtad casi inquebrantable con S�nchez, conscientes de que cualquier alternativa para sus intereses ser� peor, todos los dem�s se han distanciado para no verse arrastrados por �l.Ayer, todo el grupo socialista y el propio S�nchez se mofaron del triunfo de las dos mociones del PP, por su, como dijo Bola�os, "efecto pol�tico cero". Tal vez se equivocaron. La imagen de todo el grupo socialista aplaudiendo en pie, a modo de burla, una votaci�n del Parlamento recordaba demasiado a aquel 18 de mayo de 2018 en el que la misma bancada ovacion� a Jos� Luis �balos como el portavoz de la regeneraci�n prometida de S�nchez. Una se�al.