“¡Viva una Andalucía libre, igualitaria y orgullosa!”, gritó Belén Mayoral, del colectivo JANDA, desde el escenario de la Alameda de Hércules. A sus pies, miles de personas reivindicaban la memoria, el legado de las activistas que se dejaron la piel y sufrieron la represión y la violencia estatal, para que los derechos LGTBIQ+ fueran una realidad. Bajo el lema Desde el campo a la ciudad, ¡orgullo, lucha y libertad!, Sevilla clamó por la defensa de estas conquistas sin dar ni un paso atrás ante el avance del discurso del odio tanto en los poderes políticos como en distintas esferas sociales y rechazó de pleno la institucionalización del acto y el intento de control, dado que, aseguraron, el manifiesto tuvo que ser enviado previamente al Ayuntamiento de Sevilla antes de ser leído en la plaza.
“La lucha es el único camino!”, “¡el orgullo no desfila, el orgullo reivindica!”, coreaban las calles durante la tarde. Entre el gentío estaban Nicolás y Ana, procedentes de Dos Hermanas que ven con preocupación los pactos que se den la próxima semana. “Se nota la influencia del discurso del odio, sobre todo en las redes sociales”, comparten, “y como andaluz me siento un poco decepcionado”. “Yo tengo miedo, y espero que la gente arranque”, expresó la joven, que sufre todavía el estigma de la invisibilización de la bisexualidad asegurando. Ante sus ojos, las banderas de los colectivos, las familias diversas, el orgullo crítico, el de la tercera edad, uno de los más olvidados, las drags y los carteles por el avance hacia el no binarismo mostraban el camino que aún queda por recorrer entre la población andaluza.













