Actualizado S�bado,
junio
16:39Las banderas arco�ris volvieron a ondear este s�bado en el centro de Budapest, pero esta vez sin prohibiciones, sin miedo a represalias y sin convertirse en un pulso con el poder. Hace apenas un a�o, desfilar por esas mismas calles signific� desafiar una prohibici�n, poner a prueba los l�mites del Estado y protagonizar un acto de desobediencia civil que convirti� el Orgullo en un s�mbolo de la defensa de las libertades p�blicas. Este s�bado, la marcha recuper� la normalidad que vive cada verano en la mayor�a de las capitales europeas. Y esa normalidad explica mejor que cualquier discurso hasta qu� punto ha cambiado el clima pol�tico en Hungr�a tras la salida de Viktor Orban y la llegada al poder del nuevo primer ministro, Peter Magyar."Hubo Orgullo, hay Orgullo y habr� Orgullo". Con ese lema, los organizadores quisieron subrayar la continuidad de un movimiento que sobrevivi� incluso al intento del anterior Gobierno de impedir su celebraci�n. Si el a�o pasado el Orgullo se convirti� en el mayor desaf�o c�vico al poder de Orban, esta edici�n simboliz� precisamente lo contrario: el regreso a una normalidad en la que la reivindicaci�n de derechos ya no necesita expresarse como un pulso entre la sociedad civil y el Estado.La Marcha del Orgullo de Budapest se celebra desde 1997 y sigui� recorriendo las calles de la capital durante los a�os de Gobierno de Orban. Aunque cada edici�n estuvo marcada por un progresivo endurecimiento del discurso oficial contra el colectivo LGTBI, contramanifestaciones de grupos ultraderechistas y, en ocasiones, importantes dispositivos policiales. El punto de inflexi�n lleg� en 2025, cuando el Parlamento aprob� una reforma que subordin� el derecho de reuni�n a la protecci�n de los menores y permiti� vetar por primera vez el desfile.Aquella decisi�n transform� una reivindicaci�n de derechos en una protesta mucho m�s amplia en defensa de las libertades p�blicas. Decenas de miles de personas —unas 200.000, seg�n los organizadores y diversos medios internacionales— acudieron entonces a Budapest, muchas de ellas no solo para defender los derechos del colectivo LGTBI, sino tambi�n para expresar su rechazo a una nueva vuelta de tuerca del modelo pol�tico de Orban. Para una parte de la sociedad civil h�ngara, aquella jornada simboliz� el momento en que perdi� el miedo a desafiar al poder.La prohibici�n se apoyaba en la reforma constitucional impulsada por Orban, que estableci� que el derecho de los menores a su desarrollo f�sico, mental y moral prevalece sobre otros derechos fundamentales, salvo el derecho a la vida. Sobre esa base, la llamada Ley de Protecci�n de la Infancia proh�be exponer a menores a contenidos que presenten la homosexualidad o el cambio de sexo, argumento que las autoridades utilizaron para impedir la marcha al considerar que pod�a ser vista por ni�os.Ese marco jur�dico sigue formalmente vigente, aunque el cambio de Gobierno ha transformado por completo su aplicaci�n. Durante la campa�a electoral, Peter Magyar defendi� el derecho de reuni�n y el Ejecutivo del partido Tisza autoriz� la celebraci�n del Orgullo sin recurrir a la legislaci�n utilizada por el anterior Gobierno. Adem�s, el nuevo Ejecutivo ha anunciado que en septiembre comenzar�n las consultas para elaborar una nueva Constituci�n, que posteriormente ser� sometida a refer�ndum, un proceso que podr�a revisar buena parte del legado institucional de los diecis�is a�os de gobierno de Orban.La comisaria de la Uni�n Europea Hadja Lahbib, junto al alcalde de Budapest, Gergely Karacsony.EFELa dimensi�n pol�tica de la jornada qued� reflejada incluso antes del inicio del desfile. El alcalde de Budapest, Gergely Kar�csony, compareci� junto a la comisaria europea de Ayuda Humanitaria y Gesti�n de Crisis, Hadja Lahbib. Kar�csony reclam� la r�pida derogaci�n de la legislaci�n que afecta a las minor�as sexuales y record� que el Tribunal de Justicia de la Uni�n Europea considera que esas normas son incompatibles con el Derecho europeo y discriminatorias. "No deben cambiarse por la presi�n de Bruselas, sino por solidaridad y por razones morales", afirm�.Lahbib calific� de "hist�rica" la marcha del a�o pasado y defendi� que participar en el Orgullo constituye un derecho fundamental. Su presencia, junto a la de otros representantes europeos, reflej� que Budapest sigue siendo un s�mbolo para el debate europeo sobre el Estado de derecho, aunque este a�o el foco ya no estuviera puesto en la prohibici�n, sino en la recuperaci�n de la normalidad.La principal inc�gnita de esta edici�n era si el Orgullo conservar�a la capacidad de movilizaci�n adquirida cuando dej� de ser solo una marcha reivindicativa para convertirse en un acto de resistencia. Porque la paradoja de Budapest es precisamente �sa: el mayor triunfo del Orgullo puede consistir en haber dejado de necesitar un enemigo para salir a la calle.













