Os traigo una noticia que es buena y mala a la vez. Este verano no escribiré ninguna columna, pero volveré en septiembre con una firma semanal y no quincenal como hasta la fecha. Depende del lector, la buena será la primera o la segunda. No siempre llueve a gusto de todos, pero lo cierto es que me encuentro muy a gusto en esta casa, y feliz de haberos acompañado durante este año y medio con mis primeros textos periódicos, fueran más o menos acertados, polémicos o pertinentes; pero que siempre escribí con la misma coplilla de Silvio Rodríguez presente en la cabeza: he preferido hablar de cosas imposibles porque de lo posible se sabe demasiado.Un olivar en Martos (Jaén) José Manuel Pedrosa / EFEEn un par de semanas dejo mi piso en Madrid y el país. De nuevo, mis libros dormirán en cajas arrinconadas en la casa familiar del pueblo. Doy por finalizada una gira nacional que se ha alargado demasiado: 30 meses. Me marcho al extranjero para escribir lo próximo alejado de una tierra que, por conocérmela tan bien, y ella también a mí, me hace de reflejo continuo y no me permite olvidarme de mí mismo; y para llevar a cabo la gira internacional y la promoción de la veintena de traducciones de La península de las casas vacías. Yo pasaré los días de sol y playa metido en un agujero rodeado de aspersores en mitad de un olivar de JaénCoincide mi voluntario exilio con esta última columna, pero, como os adelantaba arriba, estaré de vuelta el primer sábado de septiembre. Mi columna semanal llevará por subtítulo Los días afuera, debido a que las escribiré todas desde el extranjero: Venecia, Lisboa, Londres, México, Nueva York, Praga… Dos años más de nomadismo, y la idea de asentarme cada vez más inconsistente y lejana.Tendré que empezar de cero como ya lo hice en Suiza, Francia, Alemania o Portugal. Me veré rodeado, al menos las primeras semanas, de la completa soledad de la tierra ignota que te hace sentirte muy solo, insignificante, también felizmente parte de un todo que sufre al soltar el aire y se alegra al tomarlo, segundo a segundo, noche tras noche. Es envuelto en esa soledad donde más a gusto me encontré siempre para construir mundos en los que refugiarse. ¿Qué refugio voy a crear rodeado de estímulos y de luces desasosegadas? ¿Cómo voy a escribir nada desde un lugar plácido y provisto de todas las comodidades? ¿Qué voy a contar si no sufro yo antes en mi propia piel? Podría tirar de recuerdos, es cierto, pero prefiero atar las vivencias al papel antes de que se hagan memoria, que las imágenes tengan un pie anclado en el presente. Tiempo habrá, si los lectores me lo conceden, para escribir mirando solo hacia atrás y no alrededor.Lee tambiénVanguardistas, nos vemos a la vuelta. Espero que podáis disfrutar del verano. Si os sentís mal pese a estar de vacaciones y no sabéis identificar la razón, os invito a releer el especial que publiqué hace justo un año bajo el título “Odio el verano” . Yo pasaré los días de sol y playa metido en un agujero rodeado de aspersores en mitad de un olivar de Jaén. ¡Felices días de reposo!
Nos vemos en septiembre, por David Uclés
Os traigo una noticia que es buena y mala a la vez. Este verano no escribiré ninguna columna, pero volveré en septiembre con una firma semanal y no quincenal como hasta la fecha. Depende del lector, la buena será la primera o la segunda. No siempre llueve a gusto de todos, pero...









