Hace un año escribía una carta a esta sección, preguntándome si vivir en Madrid era lo que quería o lo que me habían hecho querer. Reflexionaba sobre el precio de crecer rápido y sobre todo lo que dejamos atrás al marcharnos. Durante este tiempo he seguido con el runrún de si volver era rendirse o fracasar. Si yo era menos por no querer aguantar un ritmo de vida que me incomoda. Si era desagradecido por dejar atrás un buen puesto en la capital. Si, en definitiva, estaba renunciando al éxito laboral que tantas veces nos dijeron que debíamos perseguir. Hoy, sin embargo, escribo desde el tren, de vuelta a Ponferrada. Hoy creo que volver puede ser una forma de avanzar. Volver a estar cerca de quienes me quieren, a los paisajes que me construyen. Regreso con dudas, pero también con respuestas. Creo que algo sí sé: vivir no es correr siempre hacia adelante, sino saber cuándo parar y elegir. Y he decidido estar donde cuerpo y alma descansan, donde una conversación y la compañía de los tuyos valen más que cualquier ascenso. Avanzar y crecer aquí, con los míos y en mi tierra. Eso es todo.
Ángel Fernández Merayo. Ponferrada (León)
Acceder a una vivienda digna es cada vez más difícil y es inaceptable que aún no existan leyes que prohíban comprar viviendas si no se van a usar para vivir. El mercado inmobiliario ya no responde a la necesidad de vivir, sino al frío beneficio económico. Inversores y propietarios acumulan inmuebles para especular con su valor, encareciendo el acceso a un derecho básico. Necesitamos normativas que limiten la compra de viviendas solo para residencias habituales o alquileres a precio regulado. No se puede permitir que el interés privado siga desplazando a quienes solo quieren un lugar donde vivir. ¿Se enfrentará la izquierda política a quienes especulan para proteger la función social de la vivienda y poner fin a la especulación?






