Los lectores y las lectoras escriben sobre la falta de oportunidades en los pueblos, los nostálgicos del franquismo, la vida universitaria, y la polémica desatada por la decisión de Rosalía de cantar en castellano con el coro infantil de Montserrat

Pienso cada vez más a menudo que somos una sociedad de expatriados. Nos vamos, o nos hacen irnos, de nuestros pueblos, o incluso de nuestras ciudades, porque no son lo bastante grandes para poder vivir “de lo nuestro”. Pero, ¿qué es realmente “lo nuestro” si implica la ausencia de los nuestros? ¿Pierde su sentido cuando no podemos disfrutarlo con quienes quere...

mos? Vivo en contradicción, a cuatro horas de todo lo que me importa, con la suerte de que un tren nos conecte en apenas hora y cuarto. Mientras tiro el dinero en trenes cada vez que la nostalgia me puede. Me debato entre poner la dirección de donde vivo, o de donde soy, cada vez que me la piden. Queremos vivir de lo que hacemos, sí, pero a veces me pregunto: ¿hasta qué punto eso no se convierte, en realidad, en sobrevivir? No lo sé. Hay días, sinceramente, que no lo sé.

Paula Alás Les. Madrid

La extrema derecha —y similares— tiene la nostalgia de tiempos pasados como uno de los fundamentos de sus discursos. Lo de “tiempos pasados” es un concepto jurídicamente indeterminado, pero resulta que los que podemos ser considerados como tiempos pasados (mi caso, 74 años, jubilado) somos la franja de edad en la que menos se vota a esos nostálgicos de la negra y mugrienta realidad que vivimos en nuestras primeras décadas. ¿Será porque conocimos el franquismo de primera mano?