Hace unas semanas me mudé. No supe gestionar bien los tiempos, así que durante unas semanas me vi sin un lugar donde dormir. Hice entonces lo que he hecho siempre que vienen mal dadas. Cuando perdí un trabajo, cuando perdí un amor, cuando me perdí a mí mismo… Volví a casa de mis padres. Es esta la casilla de salida desde donde planear un reseteo vital. Un lugar donde puedes sentirte vulnerable y protegido porque, total, te van a tratar como un crío, hagas lo que hagas. Fue entonces, tras pasar unos días en el barrio (por mucho que me haya mudado, San Antonio de la Florida siempre será mi barrio) cuando me di cuenta....
Dicen que si vienes a Madrid eres de Madrid, y entiendo la idea que encierra esta frase, pero me van a permitir discrepar. Hay un Madrid que mucha gente que se ha mudado aquí siendo adulto, no conoce. Porque al crecer en una ciudad, las esquinas se llenan de recuerdos, el mapa urbano se convierte en un palimpsesto. Hay mucha épica alrededor del ‘volver’, pero es aún mejor no tener que hacerlo. No marcharse. Recorrer de adulto las calles donde jugaste de niño. Mantener el contacto con la gente que te ha visto crecer, aquellos para quienes tu identidad tiene un contexto.






