La crisis de la vivienda en Madrid ha impulsado hospedajes para inmigrantes recién llegados cuyas habitaciones cuestan la mitad que en los barrios de la capital

Ese final del camino del que todos hablan no es el final. Lo que sucede es que no conviene ir más allá. Alejarse de Casa Mariano es para Miriam, Jose, Ros y Catherine, “un exceso de confianza”. Eso es lo primero que te enseñan al llegar a Casa Mariano, que de puertas para adentro esto puede ser un pequeño Bogotá o una Caracas amable, pero de lo de fuera, casi mejor no saber, no decir. Ninguno “sabe nada” de lo que pasa “allá”, aunque lo sepan todo. Casa Mariano tiene 15 huéspedes, todos latinos. No parece ni una pensión ni un restaurante y sin e...

mbargo lo es. No aparece en Google y sin embargo existe. Tanto es así que todos sus huéspedes supieron llegar directos desde el aeropuerto de Barajas la primera vez que aterrizaron en España. Casa Mariano, incrustada en un lugar muy próximo adonde viven los clanes de la droga de la Cañada Real, se ha convertido en una posada “low cost” que da cobijo a los recién llegados de Latinoamérica, y también, de algún modo, en una forma hiperrealista de recordarles desde el minuto cero que Madrid no será lo que les habían prometido.