Los precios en alza y los requisitos imposibles marginan del mercado inmobiliario a hogares vulnerables con menores
Wendy Rodríguez (28 años, Colombia) paga 500 euros por una habitación subalquilada en Madrid, en donde se aprietan ella, sus dos hijos y su esposo, sin tratar de molestar a la casera —que vive en la habitación contigua con su familia y los ha expulsado varias veces—. Wendy describe una campaña de acoso contra los suyos: “Nos esconde la licuadora, los cuchillos, nos bota la comida […], nos desempadronó justo cuando estábamos haciendo los documentos del bebé y algunas noches pone el cerrojo con nosotros afuera”. No se van por razones similares a las de múltiple...
s familias con niños entrevistadas por este diario: la oferta restringida, los precios desorbitados y las exigentes condiciones empujan a la infravivienda y hasta el sinhogarismo a cientos de familias en Madrid, especialmente migrantes, monoparentales o con integrantes con discapacidad.
“Es desesperante ver que a ti te piden la habitación sin ningún argumento, solo porque tienes dos hijos. Yo le decía una vez a mi esposo que esto me parece un tipo de discriminación”, comenta Wendy, con su hijo Milán, de 13 meses, en brazos.






