Existen periódicos que siguen manteniendo suplementos literarios, esas “hojas inútiles” que Cebrián no quería para El País, según confesó Rafael Conte. En ocasiones, en las vacaciones de verano, de Semana Santa o de Navidad, algunos periódicos siguen recomendando un pilón de títulos de libros con sus correspondientes “reseñas”.
En tiempos, consideré que leer estas reseñas era una actividad inocua e inútil, pero, después de que alguien me dijera que ese era el mejor escaparate donde se podía aquilatar, no sólo la cultura de un país, sino, también, el nivel crítico de la clase intelectual, empecé a leerlas desde otra perspectiva.
En cuanto a los expertos, no puedo evitar la sensación de estar, no ante unos pensadores críticos de lo literario, sino ante unos influencers al uso
Y ya no digo, cuando, tras escribir algún artículo comentándolas, recibí “avisos “de distintos críticos de la academia poniéndome a caldo. Con el tiempo, ese trabajo analítico formó parte de un libro titulado “De brumas y de veras. La crítica literaria en los periódicos” (1994), que no sentó nada bien en los predios de la crítica, pero muy bien en escritores que habían sentido el ninguneo de esos mismos críticos. Uno intentaba ingenuamente que, poniéndolos ante el espejo de sus críticas, mejorarían, pero no se entendió el gesto.









