Miles de años. Se dice en un momento, pero sus implicaciones son estratosféricas. Porque ya no hace falta encontrar huesos, sedimentos o artefactos antiguos para investigar la actividad humana prehistórica. Ahora basta con analizar el arte rupestre de las paredes de las cuevas en busca de ADN antiguo.Investigadores de España y Portugal, en colaboración con el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, se centraron en datar el arte rupestre más antiguo y caracterizar su composición química y han acabado ampliando su estudio para incluir el análisis genético.Marcas simples, manos y fragmentosSegún explican en un artículo publicado en la revista Nature Communications, se centraron en 24 paneles de once grutas. Incluyeron marcas simples, plantillas de manos y pigmentos que se desprendieron naturalmente de algunas pinturas figurativas, incluidas las de la famosa Cueva de Altamira.El equipo analizó hasta 54 muestras recolectadas de fragmentos pintados y no pintados de las paredes de distintas cuevas, sedimentos, huesos y una rara herramienta antigua de aerografía utilizada para aplicar colorantes.Muestreo de pigmentos en una figura de arte rupestre con forma de clavícula en Tebellín (España)Alberto Martínez VillaLos arqueólogos encontraron rastros de ADN humano antiguo en una costra de calcita pigmentada de la Cueva de Escoural (Portugal) y, para su sorpresa, también hallaron rastros en varias partes no pigmentadas de una galería más profunda del mismo sitio. Lo mismo pasó en la Cueva de Covarón (Asturias).“Parte del arte rupestre se aplicó a las paredes de las cuevas soplando o frotando pigmento sobre la superficie. Comprobar si este tipo de contacto podía dejar rastros de ADN nos permitía obtener perfiles genéticos de sus creadores”, dice Hipólito Collado, arqueólogo del Gobierno de Extremadura.Lee tambiénDos muestras de la cueva de Escoural revelaron la presencia de ADN humano, pero no faunístico, lo que sugiere que el código genético se depositó directamente con la interacción humana con las paredes a través de la saliva u otros fluidos corporales.“Aunque no podemos vincular directamente los rastros genéticos que hemos encontrado con la creación del arte rupestre, esta es la primera evidencia de la preservación de ADN humano en las cuevas durante miles de años”, afirma Alba Bossoms del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva.Fragmento de calcita con pigmento en la parte inferior procedente de Escoural (Portugal)Alba Bossoms MesaEl ADN humano de tres de estas muestras proviene mayoritariamente de mujeres, una de hombres y la otra aún está por determinar. Un análisis posterior de las dos muestras de pared de cueva sin pigmentar de Covarón reveló que su ADN pertenecía a humanos modernos de hace al menos 2.000 años (aunque probablemente sea mucho más antiguo), del grupo genético de los cazadores-recolectores occidentales.El equipo también analizó un aerógrafo prehistórico de hueso de ave de la cueva de Altamira, que se usaba para soplar ocre rojo sobre las paredes, pero no fue capaz de encontrar ADN derivado de la saliva, probablemente a causa de la contaminación de restos genéticos actuales.ADN de paredes sin pinturas rupestres“Nos sorprendió descubrir que se puede recuperar ADN antiguo no solo de muestras pigmentadas, sino también de paredes de cuevas que no muestran evidencia visible de actividad humana pasada”, asegura el paleogenetista Matthias Meyer, autor principal del estudio.Mediante el análisis del ADN hallado en las paredes de las cuevas, los investigadores pueden ahora obtener más información sobre sus habitantes, determinando, por ejemplo, su sexo biológico y su ascendencia genética. “No se trata solo de arte rupestre -señala Collado-. Se trata de comprender cómo utilizaban las personas las cuevas y dónde dejaron su huella”.A pesar de las condiciones favorables en muchos yacimientos, solo se detectó ADN antiguo en uno de los 24 paneles de arte rupestre examinados y en dos lugares cercanos a otros paneles. Esta rareza sugiere que las superficies pigmentadas pocas veces retienen suficientes genes para sobrevivir durante miles de años, especialmente si no están protegidas por costras minerales o entornos sellados.“La conservación del ADN humano en las paredes de las cuevas es muy variable”, explica Bossoms. “Pero cuando se conserva, cuenta una historia fascinante. Nuestra prioridad ahora debería ser perfeccionar los métodos y comprender en qué condiciones podemos esperar una mayor tasa de éxito”, apunta.“Esto es solo el comienzo”, añade Meyer. “Ahora sabemos que las grutas son archivos de la presencia humana del pasado. El siguiente paso es analizar más yacimientos, estilos artísticos y técnicas, especialmente plantillas de manos y arte figurativo en cuevas con buena conservación molecular”, conclye.Periodista
El ADN humano puede sobrevivir en las pinturas rupestres prehistóricas de las paredes de las cuevas durante miles de años
El código genético se depositó directamente a través de la saliva u otros fluidos corporales










