Darcy tiene 23 años y duerme cada noche sobre un colchón plegable en el suelo de la habitación de une amigue. Llegó hace un año a España desde Venezuela porque se sentía "atrapada" en un espacio donde, como persona dentro del colectivo LGTBIQA+, no conseguía expresarse "libremente". Una realidad agravada por su situación de precariedad económica, que le impedía sostenerse fuera de un entorno familiar donde imperaban los malos tratos por parte de la pareja de su madre.PublicidadFue entonces cuando apareció "una persona en España que se aprovechó de la situación en la que estaba". Le pagó un billete de avión, le prometió que su vida mejoraría sustancialmente y le "ofreció su ayuda", pero este apoyo estaba condicionado. Tras contraer una deuda económica con esta persona y tener que convivir con ella durante meses recibiendo violencia continuada, acabó en una situación de sinhogarismo. Finalmente, contó su historia a unes amigues que había conocido recientemente y le acogieron en la habitación de une de elles.Por una parte, Darcy dice estar "cómoda" con la situación actual. Agradece la existencia de redes que le sostengan y el poder habitar un espacio queer donde no tenga que preocuparse "por cómo me veo, cómo me visto o cómo me expreso", es lo que "había soñado". Sin embargo, le genera "agobio depender tanto" de sus amigues y le gustaría vivir en un lugar más adecuado y cómodo, donde tener "privacidad", aunque la posibilidad de encontrar un piso se presenta lejana, puesto que "piden demasiadas cosas": "No llevo mucho tiempo acá trabajando". Tampoco cuenta con el apoyo material de su familia, por lo que le resulta difícil alcanzar los requisitos necesarios para acceder a una vivienda. Además, encuentra en su realidad como migrante y queer otra barrera para hallar un lugar donde vivir: "Un casero me preguntó '¿pero tú eres lesbiana?' Da igual que lo sea, a ti lo que te debería importar es que te pague la renta".Esta situación refleja una trágica realidad que atraviesa a una de cada tres personas LGTBIQA+ en España, el sinhogarismo. Según un estudio desarrollado por FELGTBI+, al igual que Darcy, un 17,1% de las personas dentro del colectivo ha tenido que residir en casas de amigos o familiares de manera temporal en los últimos años. Una situación que se denomina houseless, una forma de sinhogarismo en la que la persona consigue "contar con algún recurso" que le permite, de manera temporal y no estructurada, acceder a un techo. Esta realidad convive con que un 10% de las personas del colectivo han tenido que vivir en un alojamiento temporal o de emergencia, un 9,4% en un lugar inadecuado y un 4,5% en la calle. Al igual que Darcy, muchas de las personas del colectivo LGTBIQA+ en situación de sinhogarismo son muy jóvenes. Mientras que la media de edad entre las personas LGTBIQA+ sin hogar oscila entre los 31 y 34 años, en la población general esta cifra se sitúa en los 42 años. Una realidad que se explica por la falta de soporte familiar que, en muchas ocasiones, pesa sobre las vidas de las personas queer.PublicidadEl rechazo familiar como origen del sinhogarismo LGTBIQA+"Ser queer hizo que me echaran de casa", cuenta Nyx, un joven trans no binario de 25 años que vivió durante seis meses en situación de calle. Nyx cuenta cómo a los 16 años sus padres, de ideología muy conservadora, descubrieron que formaba parte del colectivo LGTBIQA+, lo que derivó en situaciones continuadas de violencia. Desde pequeño la educación en su casa estuvo muy atravesada por los roles de género: "Como éramos tres 'hermanas' nos hacían comer con monedas en los sobacos para corregir nuestra postura en la mesa". Nyx narra que sus padres le "echaban de casa cuando todavía era menor"Cuando su madre descubrió que era trans lo vivió como una tragedia y trató de hacerle "chantaje" para que volviera a ser "normal": "Me decían que no iba a conseguir nada en la vida, que iba a acabar pinchándome heroína". Una situación que describe como de "machaque, machaque y más machaque". Narra además cómo le "echaban de casa cuando todavía era menor" y cómo en repetidas ocasiones "acababa durmiendo en algún Bankia". A los 18 años, después de otro episodio de violencia en el que los padres de Nyx le echaron a la calle, este decidió "no volver". "Intenté buscar trabajo mientras vivía en la calle. Imagínate lo mal que estaba con mis padres para preferir quedarme ahí". Después de aquello pasó aproximadamente tres meses viviendo en la calle, tres meses en una casa autoconstruida y un tiempo más en otra derrumbada en Ávila que restauró con "unes compañeres"."Cuando hablamos de población española, casi siempre lo que provoca el sinhogarismo es la familia", declara Paula Avilés, trabajadora social de la Fundación Eddy, un recurso dedicado a la asistencia de las personas LGTBIQA+ sin hogar. Para ella, esta es una de las razones que se esconden tras la baja media de edad que presenta el sinhogarismo en el colectivo: "Hemos atendido a gente muy joven que, en muchas ocasiones, acaban de salir del armario cuando sus padres decidieron echarles de casa por su identidad". PublicidadEsta realidad aparece también representada por el estudio de FELGTBI+, que recoge como principales razones del sinhogarismo LGTBIQA+: la orientación sexual, la presencia de problemas con la familia y la identidad de género. Lo que, según el informe, lleva a generar la sospecha de que "persisten entre las familias de origen de las personas LGTBI+ situaciones que llevan al sinhogarismo".Para Juan Daniel Ugalde, trabajador social e investigador especializado en el sinhogarismo dentro del colectivo LGTBIQA+, las familias "en numerosas ocasiones son la puerta de salida y entrada de las situaciones de sinhogarismo". Estas circunstancias no solo se reducen a la expulsión del hogar y a la falta de apoyo material, sino que también pueden pasar por estructuras de maltrato donde, por razones de ideología, religión o entorno, las familias no aceptan la identidad de sus hijes. "En muchas de ellas se sigue dando la opción a cambiar, a abandonar su identidad u orientación, y permanecer dentro de un margen heteronormativo, si quieren mantenerse en la familia", declara el investigador. Alez Bouzo: "Las personas, al sufrir este rechazo directo de su entorno más cercano e íntimo, experimentan graves consecuencias psicológicas"Por otra parte, Alex Bouzo, coordinador de la asociación Ahora Dónde, que actúa como refugio para personas LGTBIQA+ sin hogar en Barcelona, apunta a cómo "las personas, al sufrir este rechazo directo de su entorno más cercano e íntimo, experimentan graves consecuencias psicológicas" que aumentan su marginalización.Estas circunstancias se han agravado en los últimos años por la crisis de la vivienda. Paula Avilés lamenta que, en numerosas ocasiones, la violencia que viven las personas LGTBIQA+ rechazadas por su familia deriva en que "la formación que tienen es baja", lo que les encierra en una rueda de profunda precariedad. "No puedes acceder a pagar 700 euros por una habitación porque a lo mejor estás cobrando 700 euros", afirma Avilés. Una situación que, según la trabajadora social, se acentúa en el caso de las mujeres trans a causa de "los estereotipos que existen sobre ellas", que no solo les limita a la hora de "generar ingresos suficientes como para poder pagarse una vivienda", sino que puede llevar a que "no puedan acceder a una por los prejuicios que existen en muchos de los caseros". Este aumento en el sinhogarismo entre personas del colectivo aparece representado en el Informe MAPER, donde se observa un crecimiento muy acusado de las solicitudes de alojamiento recibidas por los recursos específicos para personas del colectivo LGTBIQA+, pasando de 429 solicitudes en el año 2022 a 1065 en 2024.Refugiades y migrantes LGTBIQA+ sin hogarMuchas de las personas LGTBIQA+ que viven en situación de sinhogarismo están atravesadas también por la migración. Según el informe realizado por MAPER, en 2024 un 17,6% de las personas que solicitaron asilo en un recurso específico para el colectivo era de nacionalidad colombiana, mientras que un 13,3% provenía de Venezuela. Para Alex Bouzo, de Ahora Dónde, este "es un perfil de personas que está experimentando un gran aumento dentro de los recursos debido a los grandes cambios que se están dando en muchos países del mundo, donde están creciendo los discursos de odio LGTBIfóbico".Juan Daniel Ugalde: "Las personas hablan en su mayoría de mucha violencia en la familia, pero también en el entorno y el vecindario"Según cuenta Darcy, que emigró de Venezuela por razones relativas a su identidad, situación familiar y precariedad económica, "veía como a la gente que era visiblemente de la comunidad les gritaban cosas como 'maricón' o 'se te rompió la galleta'". Por su parte, Juan Daniel Ugalde, investigador en la URJC, cuenta cómo "las personas con las que me he entrevistado hablan en su mayoría de mucha violencia en la familia, pero también mucha violencia en el entorno y el vecindario en el que viven y donde denunciar no era una opción". Ugalde encuentra que las historias de vida de las personas LGTBIQA+ que optan por escapar de su lugar de origen en muchas ocasiones es "muy dura" y presenta el ejemplo de "un joven gay peruano al que su padre le destrozó el intestino para que no pudiera mantener relaciones sexuales".PublicidadPaula Avilés insiste en la importancia que tiene para las personas LGTBIQA+ refugiadas en España la presencia de recursos específicos para su comunidad. "Porque muchos de ellos han visto la situación de tener que ir a albergues generalistas, compartir habitación con personas procedentes de su mismo país de origen y que esto les obligue a ocultar su identidad por miedo a vivir de nuevo aquello que les hizo huir de sus países", lamenta la trabajadora social de la Fundación Eddy.Recursos, redes y refugios autogestionadosEn 2024, el informe de Maper expuso que ese año los recursos para personas del colectivo LGTBIQA+ en la Comunidad de Madrid recibieron 1.065 solicitudes de alojamiento, de las que pudieron atender únicamente 65 por la falta de plazas disponibles. Paula Avilés, trabajadora social de la Fundación Eddy, denuncia que "en Madrid no existen apenas alojamientos específicos para el colectivo LGTBIQA+". Según Avilés, "en la actualidad solo estamos Fundación Eddy con doce plazas, Apoyo Positivo que tiene otras seis y San Martín de Porres que tiene unas 40 más o menos". Una escasez que lejos de atajarse, se acentúa por parte de las administraciones públicas, puesto que, como denuncia la trabajadora social, "tenemos un piso cedido por la empresa municipal de vivienda y la actual es nuestra última prórroga". Según Paula Avilés no parece que vayan a permitir que Fundación Eddy continúe utilizando ese inmueble, por lo que "pasaremos de tener 12 plazas a ocho".PublicidadEsta ausencia de recursos se acentúa cuando se analiza la situación fuera del plano madrileño. Juan Daniel Ugalde lamenta que, fuera de Madrid, solo hay "unas pocas plazas en Barcelona y otras pocas en Cádiz o Sevilla". Además, la inexistencia de recursos de emergencia específicos para el colectivo que cubran situaciones sobrevenidas de expulsión del hogar, hace que "nos encontremos jóvenes pernoctando en saunas por no permanecer en calle o en situaciones de violencia intragénero", cuenta el Ugalde.La existencia de estos recursos específicos es esencial para las personas del colectivo. Puesto que, como cuenta Ugalde "a día de hoy los recursos generalistas no pueden asegurar que se encuentren exentos de toda violencia (del tipo que sea) hacia las personas LGTBIAQ+". Las principales afectadas por esto son las personas de la comunidad trans, ya que generalmente los albergues no pueden ofrecerles un modelo que escape del sistema binario, por lo que se encuentran con divisiones "por hombres o mujeres, siendo en numerosas ocasiones espacios habitacionales y aseos compartidos", declara el investigador.Pero los albergues institucionales no son la única alternativa habitacional que pueden encontrar las personas del colectivo. Existen a lo largo de España algunos proyectos autogestionados por personas queer que ofrecen refugio para aquelles que se encuentran en una situación de sinhogarismo y, en ocasiones, pueden actuar en casos de emergencia. Esta es la realidad de un refugio autogestionado con el que ha contactado Público y que, para protegerse de posibles ataques, ha decidido no exponer públicamente su nombre y ubicación. En él habitan diferentes personas del colectivo en situaciones de sinhogarismo. Para Alda (nombre ficticio), une de les miembres del refugio, es importante que existan este tipo de proyectos porque "la lógica y metodología institucional es bastante dura para las personas marginalizadas". PublicidadAlda lamenta cómo para muchas personas en situaciones de extrema vulnerabilidad les es imposible "navegar el mundo institucional", sobre todo para las "trans, migrantes, discapacitadas y en momentos con dificultades de salud mental". Es por eso que han decidido formar "un espacio creado por y para inmigrantes, trans y personas con discapacidades" que se mantiene al margen del Estado a través de redes de apoyo económicas "sostenidas por la comunidad". Las peticiones que reciben suelen funcionar a través del "boca a boca" y no existe una serie de normas impuestas que marquen la organización del espacio, sino que "la convivencia se adapta a las personas que lo habitan". Según cuenta Alda, "hasta ahora no hay sistemas rígidos, pero vamos negociando con cada grupo que se forma", siendo el único principio básico del refugio el respeto a las cuestiones de "género, decoloniales y anticapacitistas". Aunque considera que este es "un camino para toda la vida, especialmente con un grupo tan transitorio".