Resulta leg�timo preguntarse si el marco regulatorio actual refleja los riesgos que genera.Desde hace meses, el cr�dito privado ha estado bajo la lupa de banqueros, reguladores y analistas. Su r�pido crecimiento y su interconexi�n con el sector bancario constituye una preocupaci�n y puede que una amenaza para el sistema financiero.La primera se�al de alarma se hizo sentir en septiembre del pasado a�o cuando Tricolor Holdings y First Brands, en el espacio de tres d�as, quebraron, dejando atr�s una deuda de 1.000 y 12.000 millones de d�lares, respectivamente, y habiendo recibido acusaciones de fraude contable en sus balances. M�s recientemente, en febrero de este a�o, una financiera hipotecaria brit�nica, Market Financial Solutions (MFS) tambi�n quebr�, poniendo en entredicho las pr�cticas utilizadas por el sector del cr�dito privado.El mercado no se mantuvo indiferente ante este contexto marcado por la insolvencia financiera de algunas empresas. Como se suele decir, "el dinero tiene miedo" y miles de inversores que hab�an invertido en fondos de cr�dito privado, atra�dos por su rentabilidad, se han lanzado a solicitar su reembolso. Aunque la pr�ctica habitual y legal de estos fondos prev� una retirada trimestral del 5% de su valor, algunos de ellos han limitado los reembolsos para evitar ventas masivas. Otros, sin embargo, apostaron por ampliar dicho porcentaje al 10%-15% como t�ctica para frenar la salida de part�cipes.Hasta este a�o, los fracasos en los mercados crediticios se atribu�an a supuestos fraudes contables. Sin embargo, las quiebras m�s recientes han puesto de relieve algunos aspectos estructurales del sector como la fragilidad de los est�ndares de la evaluaci�n crediticia y sus nefastas consecuencias para la morosidad y la liquidez. La opacidad del sector, la debilidad de su gesti�n del riesgo y la interconexi�n con los bancos son los principales vectores que preocupan, especialmente, a los reguladores y al sistema financiero en su conjunto.Acelerado desarrolloDesde la crisis financiera, los flujos de capital procedentes de instituciones financieras no bancarias (IFNB), fondos de inversi�n, hedge funds, compa��as de seguros, fondos de deuda privados o business development companies (BDC) han aumentado a�o tras a�o, y financiado empresas y gobiernos. De hecho, en la d�cada entre 2014 y 2024, este tipo de instituciones han crecido a una tasa media anual del 5,9%, mientras la banca lo hizo, de una forma m�s moderada, a una tasa del 4,8%. Esta dispar evoluci�n evidencia un cambio significativo en el proceso de intermediaci�n financiera, en el que la banca ha cedido lugar a las IFNB, que ya ostentan una cuota del 51%, frente al 38% en manos de los bancos.Por parad�jico que parezca, este notable comportamiento del cr�dito privado ha sido impulsado por la crisis financiera, que brind� a estas entidades una gran oportunidad: ocupar, poco a poco, el espacio dejado por la banca tradicional, aprovechando la confluencia de varios factores, tales como el desarrollo tecnol�gico, la demanda de los inversores y, sobre todo, los cambios regulatorios. Despu�s de la crisis, la regulaci�n, sobre todo la referente a los recursos propios de la banca (Basilea III), se volvi� m�s exigente, tanto en cantidad, como en calidad. De hecho, a partir del a�o 2010 cumplir los nuevos requisitos de capital se convirti� en el gran desaf�o para la banca que deb�a decidir entre: aumentar sus recursos propios y/o reestructurar su activo hacia inversiones de menor riesgo y, por consiguiente, de menor consumo de capital.En este contexto, y por una cuesti�n de coste, las inversiones de bajo riesgo eran priorizadas en perjuicio de la financiaci�n empresarial, sobre todo la destinada a las empresas m�s apalancadas. Estas �ltimas eran, en gran medida, expulsadas del circuito bancario y "empujadas" a buscar prestamistas alternativos. As� se fue desarrollando el cr�dito privado que, actualmente, cuenta con unos activos que superan los 3,5 billones de d�lares, duplicando pr�cticamente el valor que ten�an, en 2023.En un primer momento, el fen�meno del cr�dito privado y su auge ha supuesto para el sector bancario la presencia de un nuevo competidor, pero r�pidamente se convirti� en un aliado que le ofrec�a una atractiva oportunidad de negocio. Seg�n datos del Sistema de la Reserva Federal, el ROE medio de la cartera crediticia tradicional de la banca a empresas es del 7,9%, mientras el ROE de la financiaci�n a fondos de cr�dito privado alcanza el 29,2%. M�s all� de lograr un atractivo diferencial en rentabilidad, los bancos sustitu�an el riesgo del cr�dito directo por un riesgo indirecto a trav�s del fondo. La relaci�n rentabilidad-riesgo de estas operaciones era dif�cil de ignorar y la banca no estaba dispuesta a perderla.En un periodo de diez a�os (2015-2025), la exposici�n del sector bancario norteamericano al ecosistema del cr�dito privado pas� del 4,9% al 11,2%. Tal incremento podr�a constituir una fuente de preocupaci�n, pero el resultado del test de esfuerzo realizado por el supervisor fue tranquilizador al concluir que el sector estaba preparado, incluso para un escenario adverso. Seg�n datos oficiales, en 2024 la interconexi�n entre bancos y no bancos (IFNB) ascend�a a 87.000 millones de d�lares. JP Morgan y Wells Fargo destacaban como los m�s activos en Estados Unidos y, en Europa, Barclays y Deutsche Bank confirmaban que alrededor de un 5% de su cartera crediticia se destinaba a fondos de cr�dito privado. El fen�meno del crecimiento del cr�dito privado no se restringe a Estados Unidos, sino que, en el �rea del euro, su peso dentro del PIB pas� del 0,64% al 1,1% entre 2021 y 2025. En el mismo periodo, en Espa�a el ratio pas� de 0,36% a 1,96%, siendo Santander la entidad que presenta la mayor exposici�n.�Debemos temer sus efectos?Las opiniones est�n divididas. Por un lado, est�n los que argumentan que no hay motivo para alarmarse porque si es cierto que el sector ha crecido, no es menos cierto que lo hizo de forma diversificada, tanto por industrias, como por geograf�as. Adem�s, el riesgo de que la banca act�e como un catalizador del riesgo sist�mico est� hoy mitigado por su resiliencia y por unas entidades de cr�dito privado poco apalancadas.Por otro lado, hay voces como la del gobernador del Banco de Inglaterra, Andrew Bailey, que advierte de la existencia de "se�ales de alarma" al haber, en su opini�n, un fuerte paralelismo entre la "fragmentaci�n" de los pr�stamos y la forma en c�mo las hipotecas subprime de Estados Unidos se titularizaron y vendieron en todo el mundo antes de 2008.Por su volumen, el cr�dito privado es hoy una parte fundamental del sistema financiero y sus entidades no s�lo compiten, sino que tambi�n interact�an con los bancos, sometidos a una estricta regulaci�n y supervisi�n por, entre otros motivos, estar expuestos al riesgo sist�mico. En este punto, el debate se centra en encontrar justificaci�n para que entidades que realizan funciones similares operen bajo marcos regulatorios significativamente distintos.El cr�dito privado puede que no sea necesariamente la causa de la pr�xima crisis financiera, pero la historia nos ense�a que cuando una actividad adquiere dimensi�n sist�mica sin que la regulaci�n evolucione al mismo ritmo, las vulnerabilidades terminan siendo visibles cuando ya es demasiado tarde para corregirlas. La falta de transparencia, la evaluaci�n subjetiva de sus activos, la elevada concentraci�n de algunos fondos en empresas tecnol�gicas y de software cuya viabilidad pueda verse amenazada por la IA son rasgos inherentes al cr�dito privado que reflejan debilidades que el supervisor no debe ignorar.Hoy por hoy, el cr�dito privado desempe�a un papel necesario en la intermediaci�n financiera, permitiendo que muchas empresas y particulares accedan a financiaci�n que la banca no estaba en condiciones de conceder, ya sea por restricciones de capital o por l�mites en su apetito por el riesgo. Su aportaci�n al crecimiento econ�mico es ya incuestionable.Ahora bien, reconocer su utilidad no implica ignorar sus debilidades o admitir que actividades con relevancia sist�mica permanezcan en zonas de menor escrutinio. Sin obviar la importancia de que las entidades que juegan en la misma "liga" deben estar sujetas a reglas comparables, argumentamos que es necesario tener en cuenta la idiosincrasia de cada entidad para que la regulaci�n y supervisi�n sea la adecuada.Si el peso del cr�dito privado contin�a creciendo y sus v�nculos con la banca se intensifican, resulta leg�timo preguntarse si el marco regulatorio actual refleja adecuadamente los riesgos que genera. La historia financiera tiene ejemplos que demuestran que los problemas rara vez nacen donde los supervisores est�n mirando, sino donde todav�a no han decidido mirar.Altina Sebasti�n Gonz�lez, Doctora en Negocios y Direcci�n de Empresas
El cr�dito privado, bajo la lupa
Desde hace meses, el cr�dito privado ha estado bajo la lupa de banqueros, reguladores y analistas. Su r�pido crecimiento y su interconexi�n con el sector bancario constituye una...









