Hay momentos que marcan décadas. Este es uno. La industria ha vuelto al centro del debate global, no por nostalgia, sino por necesidad. Y el dilema es cada vez más claro: o reforzamos nuestra base productiva o asumimos una pérdida de peso económico en un mundo cada vez más competitivo, con el riesgo de quedar desplazados y volverse irrelevantes. Durante años, desde el mundo empresarial hemos insistido en una idea que hoy ya forma parte del consenso: sin industria no hay economía sólida. Las crisis recientes han evidenciado las vulnerabilidades de un modelo dependiente en ámbitos clave como la energía, los componentes tecnológicos o las cadenas de suministro. En este contexto se entiende el énfasis creciente en la autonomía estratégica: asegurar capacidades propias en sectores esenciales para garantizar prosperidad y estabilidad. Europa ya ha situado la competitividad y la industria en el centro de su agenda.Defender la industria hoy no es mirar atrás, es apostar por un modelo económico de valor. Hablamos de una industria competitiva, digitalizada y sostenible, capaz de generar conocimiento, de exportar y de integrarse en cadenas globales con más valor añadido. Pero también hablamos de un ecosistema que necesita talento, vocaciones técnicas y entornos que faciliten la inversión y el crecimiento empresarial. Catalunya tiene activos para avanzar en esta dirección: tradición industrial, un tejido potente de pymes, capacidad exportadora y un sistema de conocimiento reconocido. Pero los activos, por sí solos, no garantizan el futuro. En un entorno de permacambio, la irrelevancia no llega de golpe: se instala cuando se pierde ambición, cuando se renuncia a una estrategia clara o se prioriza por sistema el corto plazo.AcciónEl giro industrial ya es una realidad en Europa; la cuestión es si seremos capaces de acompañarlo con una estrategia de paísPor eso, ahora es el momento de ordenar prioridades en el modelo económico y de enfocar con determinación este debate; no como una reflexión puntual, sino como un eje sostenido en el tiempo que oriente decisiones y acciones. La política industrial no puede ser periférica ni reactiva: tiene que ser central. Tiene que tener capacidad de ordenar y dar coherencia a ámbitos tan diversos como la energía, la fiscalidad, la formación, la innovación o la sostenibilidad.En este marco, España continúa pendiente de un elemento clave: la nueva ley de Industria. Si realmente queremos industrializarnos, hace falta un marco estable, moderno y coherente con los retos actuales. Cuesta explicar que, mientras hablamos de industria 4.0, digitalización, robotización o sostenibilidad, seguimos operando con una ley de 1992. ¡Un contexto en el que ni siquiera el correo electrónico formaba parte del día a día empresarial! Si el diagnóstico es compartido, ahora hace falta que los grupos parlamentarios den el paso y articulen los consensos necesarios para desencallarla y aprobarla. La industria ya ha vuelto al centro. Ahora hay que decidir si nosotros también queremos ser. Y hacerlo con coherencia, con ambición y con perseverancia. Porque apostar por más industria es apostar por el bienestar de las generaciones presentes y futuras.
Es el momento de decidir, por Xavier Panés Sancho
El giro industrial ya es una realidad en Europa; la cuestión es si seremos capaces de acompañarlo con una estrategia de país









