El autor reflexiona sobre los retos que el sector debe afrontar a futuro, desde la digitalizaci�n hasta la emergencia clim�tica. Hace pocos d�as, en un congreso, me preguntaron por la competitividad de la industria catalana y espa�ola. Respond� que nuestro tejido industrial, a pesar de todo, sigue siendo competitivo en muchos sectores, como reflejan el crecimiento de la actividad industrial, las exportaciones y el empleo.Sin embargo, tambi�n dije que nuestra industria afronta grandes retos en un entorno poco favorable. La transformaci�n digital de sus productos, procesos, modelos de negocio y cadenas de suministro exige una respuesta ambiciosa, capaz de seguir el ritmo de la aceleraci�n tecnol�gica, pero, adem�s, incorporando no solo criterios de eficiencia y productividad, sino tambi�n de resiliencia, seguridad y autonom�a. Las dependencias tecnol�gicas e industriales excesivas y no equitativas, se pagan caro, como ya hemos comprobado recientemente.Por otra parte, aunque la coyuntura actual parece haber desplazado temporalmente la emergencia clim�tica a un segundo plano, la necesidad de desfosilizar la actividad industrial sigue siendo urgente. Adem�s, y especialmente en Espa�a, esta necesidad puede generar oportunidades importantes para nuestra industria que deber�amos saber aprovechar. Este desaf�o est� tambi�n directamente relacionado con la implementaci�n de modelos de econom�a circular, todav�a demasiado lenta para la magnitud de los cambios requeridos.Por �ltimo, para abordar con �xito estos retos, la industria necesita talento. Nuestra industria debe mejorar su percepci�n social y atraer y fidelizar perfiles cada vez m�s diversos y altamente cualificados.De la gesti�n acertada de estos desaf�os depender� en gran medida la supervivencia futura de nuestro sector industrial, cuya contribuci�n al bienestar social resulta hoy ya incuestionable. Una sociedad sin un tejido industrial tecnol�gicamente avanzado y competitivo ser� m�s vulnerable, m�s desigual y menos pr�spera.Sin embargo, nada de ello ser� posible si no rompemos con l�gicas y pol�ticas del pasado, basadas en entender la industria como una cuesti�n meramente sectorial, sin excesiva relevancia geoestrat�gica ni social. El campo de acci�n ya no debe ser el sector, sino los ecosistemas industriales de nuestros territorios. Debemos concentrar esfuerzos p�blicos y privados en reconfigurar y fortalecer nuestros ecosistemas industriales de sectores relevantes, actuales y futuros, priorizando sus estrategias de innovaci�n y soberan�a tecnol�gica, mejorando en lo posible sus condiciones de entorno y asumiendo que la industria es un actor clave para preservar el bien com�n y generar no solo crecimiento, sino tambi�n prosperidad compartida y progreso. Y debemos hacerlo con velocidad, intensidad y coordinaci�n, aspectos en los que nuestro continente no es precisamente el mejor.Si Europa deja de ser un actor internacional relevante en el �mbito industrial y en las tecnolog�as que lo sustentan, nuestro futuro y nuestro modelo social se ver�n seriamente comprometidos.