Catalunya fue el único país del sur de Europa que hizo la revolución industrial al mismo tiempo que los países del norte sin tener las materias primas necesarias; ni hierro, ni carbón, ni algodón. Y fue posible porque tenía una cosa más importante: personas con visión, talento y capital para invertir. Eran personas que creyeron en el potencial del país, que creyeron que todo era posible y que demostraron que, con esfuerzo y determinación, todo era posible.Casi dos siglos después de la inauguración de la fábrica Bonaplata, la primera de vapor del Estado, en el año 1832, el contexto actual nos obliga a volver a poner el foco en uno de los pilares estratégicos de nuestro modelo económico: la industria. Y, con ella, hay que reactivar aquello que históricamente nos ha hecho fuertes: el talento industrial.Al añoLa industria catalana necesita cerca de 26.000 profesionales, pero el sistema educativo genera menos de la mitadCon este objetivo, el Col·legi Oficial d’E ngi­nyers Industrials de Catalunya, FemCAT, la Fundació per la Indústria y AMEC, con el apoyo de KPMG, hemos elaborado el Informe sobre el talento industrial en Catalunya . Los datos son claros: cada año la industria catalana necesita a cerca de 26.000 profesionales, pero el sistema educativo genera menos de la mitad. Esta brecha se repite año tras año. A pesar de la oferta existente, muchas plazas quedan sin cubrir de manera eficiente, hecho que limita la competitividad y la capacidad de internacionalización de nuestra economía. No se trata de un desajuste puntual, sino de un problema estructural y persistente.El informe propone diez medidas para revertir esta situación, entre las cuales destacan tres grandes bloques. En primer lugar, apostar por un sistema formativo de excelencia, desde la formación profesional dual hasta los estudios universitarios de ingeniería y los másters de especialización. En este ámbito, las empresas tienen que asumir un papel activo en la formación del talento, reforzando prácticas de calidad y promoviendo alianzas estables con las universidades y los centros de formación profesional. En definitiva, hay que alinear la oferta formativa con las necesidades reales del sistema productivo.En segundo lugar, es imprescindible incorporar la tecnología como palanca de productividad del talento, especialmente mediante la adopción de la inteligencia artificial, tanto generativa como aplicada a los procesos industriales. Este factor será clave también para revalorizar socialmente la industria y a sus profesionales.Finalmente, hay que situar la industria en el centro del proyecto económico del país a través de políticas públicas decididas. Es necesario construir una estrategia compartida de país para el talento industrial, con la implicación coordinada de las administraciones, las empresas, el sistema educativo y el conjunto de instituciones vinculadas al sector.Solo con una visión compartida y sostenida en el tiempo será posible garantizar el acceso del talento para alimentar las necesidades de la industria catalana. Sin talento no hay industria. Y sin industria no hay prosperidad para nadie. Eso ya lo sabían los catalanes de hace dos siglos y lo sabemos los catalanes de hoy. ¿Nos ponemos?