El consumo doméstico es el gran dique de contención de la economía española frente a las turbulencias del sector exterior, pero no es inmune. En el último año ha generado cerca del 70 % del crecimiento del PIB. Sin embargo, algo ha cambiado como consecuencia de la guerra en Oriente Medio y la escalada de los precios de los combustibles. Los datos de ventas diarias recopilados por la Agencia Tributaria muestran una ralentización del consumo en las últimas semanas, lo que puede derivar en un frenazo de la economía. Las ventas interiores deflactadas crecían a ritmos del 6 % a finales del año pasado, en tasa interanual. Este ritmo se ha frenado hasta el 3 % en mayo. Y si se descuentan las ventas de combustibles y energía, la tasa de crecimiento cae hasta el 2,3 %. Se trata del menor ritmo de crecimiento del consumo interno de los últimos dos años (desde abril de 2024). Estos datos se extraen de los registros de la Agencia Tributaria a partir de las declaraciones del IVA en tiempo real (SII). La ralentización de las ventas es especialmente visible en el comercio, cuyos ingresos apenas han crecido un 1,7 % en tasa interanual, el dato más bajo desde diciembre de 2023. Es más, en los comercios no especializados (principalmente supermercados e hipermercados), las ventas han caído un 2,6 % en tasa interanual en mayo, y es el segundo mes consecutivo en negativo. Estas cifras contrastan con un crecimiento del 6 % antes del inicio de la guerra. La industria también ha sufrido una ralentización de sus ventas, que crecían a ritmos del 2,3 % en febrero y en mayo cayeron un 0,3 %. Un descenso provocado, principalmente, por las industrias del automóvil, de maquinaria y de bienes de equipo. Esto es, bienes de consumo de larga duración que suelen ser vulnerables en las fases de aumento de la incertidumbre económica, porque es lo primero en lo que recortan hogares y empresas. Por el contrario, la hostelería sí que está consiguiendo capear el impacto de la crisis. En gran medida, esto se debe a que la crisis internacional y la subida del coste del transporte hacen aún más atractivo el turismo doméstico. La facturación de los alojamientos creció un 6,4 % en mayo, y la de los restaurantes, un 6,6 %. Estas cifras superan las que había antes del inicio del conflicto. Debilidad económica La ralentización del consumo que ha detectado la Agencia Tributaria a partir de las declaraciones del IVA también la observan los analistas de CaixaBank Research en los registros de operaciones con tarjeta de crédito. El consumo ha pasado de crecer a ritmos del 2 % antes de la guerra a frenarse hasta el 0,1 % en mayo. La ralentización es especialmente evidente en los bienes de primera necesidad, cuyas ventas han pasado de crecer a un ritmo de casi el 5 % en febrero a un 1,6 % en mayo. Es posible que los hogares hayan optado por hacer unas compras más prudentes en los supermercados, cambiando hacia productos más baratos que permitan conseguir un pequeño ahorro. Todo cuenta en un escenario en el que el miedo a una nueva crisis inflacionista golpeó a la confianza de los hogares. El INE también registró un frenazo del comercio minorista ya en el mes de abril. Las ventas, que crecían a tasas superiores al 2 %, frenaron hasta situarse por debajo del 1 % en abril. TE PUEDE INTERESAR Todos estos datos apuntan en la misma dirección: hacia una desaceleración del consumo interno como consecuencia del deterioro del escenario económico. Es más, el patrón se repite en todos ellos: en marzo se produjo un repunte de las ventas, tal vez espoleado por el temor a una subida aún mayor de los precios (en especial de los carburantes). Pero a partir de abril, los datos ya empiezan a mostrar un parón. Ante este escenario, el Banco de España ha empezado por recortar una décima su previsión de crecimiento del consumo de los hogares. "La demanda interna muestra signos de moderación", señala la entidad en su informe trimestral publicado la semana pasada. Ahora prevé que el gasto de los hogares crezca un 2,6 % este año. Además, ha restado tres décimas a la aportación prevista de la demanda interna, hasta el 2,7 %. Este recorte se compensa con una gran ralentización de las importaciones, que ha revisado nada menos que 2,8 puntos porcentuales a la baja. De esta forma, la menor demanda interna tendrá un impacto moderado sobre el PIB gracias a que provocará un frenazo de las importaciones. La esperanza es que esta ralentización del consumo sea meramente temporal y se resuelva rápidamente tras el alto el fuego entre Estados Unidos e Irán. El precio del crudo ha caído drásticamente en los mercados internacionales, pero hay otros factores que afectarán negativamente a la renta de los hogares. TE PUEDE INTERESAR Destaca, por ejemplo, la subida de los tipos de interés aprobada por el Banco Central Europeo este mes de junio, que ya está restando recursos a las familias hipotecadas y a quienes quieran solicitar un préstamo. También las empresas están trasladando los mayores costes intermedios a sus productos finales, elevando la inflación subyacente. Todo ello contribuirá a seguir tensionando la economía de los hogares durante las próximas semanas. La buena noticia es que llega el verano y todo apunta a que volverá a ser de récord para el turismo. Esto generará un nuevo impulso económico que, en el caso de que la guerra se termine definitivamente, podría reanimar la economía de forma inmediata. Solo el tiempo dirá si este 'shock' de la guerra ha generado cicatrices en la actividad. El consumo doméstico es el gran dique de contención de la economía española frente a las turbulencias del sector exterior, pero no es inmune. En el último año ha generado cerca del 70 % del crecimiento del PIB. Sin embargo, algo ha cambiado como consecuencia de la guerra en Oriente Medio y la escalada de los precios de los combustibles. Los datos de ventas diarias recopilados por la Agencia Tributaria muestran una ralentización del consumo en las últimas semanas, lo que puede derivar en un frenazo de la economía.
Hacienda detecta una ralentización del consumo por la guerra en Oriente Medio
El consumo interno, que aguantó en las primeras semanas del conflicto, se ha ralentizado desde el mes de abril. La mezcla de inflación, incertidumbre y tipos de interés más altos presiona la capacidad de gasto de hogares y empresas














