La economía española ha confirmado su capacidad de resistencia en un inicio de año marcado por las turbulencias internacionales. Según los datos definitivos de la Contabilidad Nacional publicados este jueves por el Instituto Nacional de Estadística (INE), el Producto Interior Bruto (PIB) creció un 0,6% entre enero y marzo. Este dato, aunque supone una ligera desaceleración de dos décimas respecto al vigoroso cierre del año anterior, sitúa la tasa de crecimiento interanual en el 2,7%. Si bien el Ministerio de Economía celebra que el país lidera el avance entre las principales potencias de la zona euro, los analistas advierten de que la composición de este crecimiento es menos virtuosa de lo previsto, al descansar excesivamente en el consumo y mostrar grietas en la inversión y las ventas al exterior.El análisis pormenorizado de los datos muestra que la demanda nacional fue el gran soporte en este arranque de año, aportando 0,5 puntos al crecimiento intertrimestral y 3,5 puntos en la comparativa anual. Dentro de este bloque, el gasto de los hogares creció un 0,6%, tres décimas menos que en el trimestre anterior. A pesar de esta desaceleración, se consolida como el principal motor de la economía gracias a la resiliencia del mercado laboral. Por su parte, el gasto de las Administraciones Públicas también registró un incremento del 0,5%, una cifra superior al 0,2% estimado en el avance de abril.El contrapunto está en la inversión (formación bruta de capital), que se detuvo en seco hasta el 0,1%, muy lejos del avance del 1,7% que se registró en el periodo anterior. La cifra refleja la cautela del tejido empresarial ante el estallido en febrero del conflicto bélico en Irán. Esta parálisis de la inversión es, para los analistas, el dato más preocupante del informe. Miguel Cardoso, economista jefe para España de BBVA Research, define la situación como una “composición menos virtuosa” de la actividad, ya que el crecimiento descansa menos en factores productivos a largo plazo. De hecho, la inversión en bienes de equipo y maquinaria apenas avanzó un 0,5%, lo que supone cuatro décimas menos que el trimestre previo. La construcción mostró una parálisis total con una tasa intertrimestral del 0%. Si bien en términos interanuales la inversión todavía presenta un avance del 5,8%, la frenada en seco respecto al trimestre anterior sugiere un cambio de ciclo en las expectativas de negocio.En el sector exterior el panorama tampoco es halagüeño. Las exportaciones de bienes y servicios sufrieron un retroceso del 0,6% trimestral, una caída de 1,3 puntos respecto al trimestre previo. Esta debilidad se explica por el desplome del 2% de las ventas de mercancías al extranjero, muy condicionadas por las disrupciones en las cadenas de suministro.Si el sector exterior logró aportar 0,1 puntos al PIB trimestral fue únicamente porque las importaciones cayeron aún más que las ventas, registrando un descenso del 1%. Cardoso advierte de que este saldo no responde a una mejora de la competitividad, sino a la debilidad de las compras de insumos por parte de una industria y una inversión que han pisado el freno.Raymond Torres, director de Coyuntura de Funcas sugiere que la tasa de crecimiento en las exportaciones podría haber sido incluso menor sin la reacción preventiva de las empresas ante el estallido de la guerra en Oriente Próximo. En su opinión, ante el temor a una ruptura total de las cadenas de suministro en marzo, se produjo un fenómeno de “adelanto de pedidos” y acopio de existencias para asegurar la producción futura. Aunque esta estrategia de anticipación no fue suficiente para evitar que las ventas de bienes cayeran, sí sirvió para mitigar un desplome que habría sido mucho mayor dadas las disrupciones logísticas. Torres advierte de que este esfuerzo temporal podría provocar un paron incluso mayor en el segundo trimestre, una vez que el efecto preventivo se agote.Del lado de la oferta, la economía muestra una marcha a dos velocidades. Los servicios siguen tirando del carro con un crecimiento del 0,8% gracias al comercio, el transporte y la hosteleria. La industria manufacturera mostró un avance al 0,3%, mientras que las ramas primarias —agricultura y pesca— experimentaron un fuerte rebote del 3,3% tras un trimestre de estancamiento. En términos interanuales, el sector servicios lidera la expansión con un 3,4%, seguido de la industria con un 1,6%, mientras que el sector primario acumula una caída anual del 3,3%.El mercado laboral continúa mostrando una resiliencia excepcional, actuando como escudo de la actual inestabilidad geopolítica. Los puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo crecieron un 2,8% interanual, una tasa idéntica a la del trimestre precedente que confirma la estabilidad en la creación de empleo. La remuneración de los asalariados aumentó un 7,2% en comparación con el año pasado, impulsada tanto por el aumento de la ocupación como por un incremento de la remuneración media por puesto del 3,8%, lo que ayuda a sostener el poder adquisitivo frente a la inflación. Precisamente la inflación es el flanco donde se concentran los mayores riesgos. Aunque el crecimiento del PIB se mantiene en cifras positivas, Torres insiste en que el principal problema de la economía reside en los precios. Con una inflación subyacente (que excluye los elementos más volátiles, como energía y alimentos no elaborados) que se situó en mayo en el 3%, el país se enfrenta a una progresiva pérdida de competitividad que podría lastrar las exportaciones en el futuro. A esto se suma la incertidumbre derivada del aumento en el precio de los combustibles y la volatilidad internacional, que aunque no han frenado el consumo hasta ahora pueden suponer un obstáculo en el medio plazo. A pesar de estos nubarrones, las perspectivas para los próximos meses mantienen un tono moderadamente optimista. Los indicadores de actividad correspondientes a la primera quincena de junio sugieren que la economía mantiene su inercia. Cardoso estima que el crecimiento del PIB para el segundo trimestre se situará entre el 0,6% y el 0,7%, lo que confirmaría que el país sigue sorteando los vaivenes geopoliticos con relativa fortaleza.