Después de seis trimestres consecutivos creciendo a tasas trimestrales del 0,7% o superiores, la economía española avanzó un 0,6% entre enero y marzo, según ha confirmado el INE, que ya había dado esta misma cifra en el avance publicado a finales de abril.

La actividad se ralentiza un poco, creciendo una décima menos que el 0,7% registrado en el trimestre anterior, pero mantiene todavía un vigor importante en un contexto en el que persisten las dificultades en Europa. Por ejemplo, Francia se había anotado un escaso 0,1% y Alemania, un 0,4%.

Este dinamismo permite afrontar en un mejor estado las consecuencias que pueda deparar la crisis comercial desatada por la Administración Trump. En principio, los analistas esperan que el impacto directo de los aranceles en la economía española sea pequeño debido a la escasa exposición de las exportaciones nacionales a Estados Unidos. Y además se prevé que España se beneficie de un ciclo propio gracias al buen comportamiento del consumo apoyado en la creación de empleo, la llegada de inmigrantes y la mejora de las rentas reales. El turismo, aunque modere su crecimiento, seguirá tirando. Y la construcción ha comenzado una fase de expansión que se aprecia en indicadores como el uso de cemento o los visados, si bien estos aún se encuentran lejos de las cotas necesarias para resolver la crisis de vivienda.