Las últimas previsiones macroeconómicas apuntan a que el crecimiento de la economía española aguantará con buen ritmo en 2026 a pesar del 'shock' energético e inflacionario provocado por el estallido del conflicto en Oriente Medio a finales de febrero. Influyen varios motivos, entre ellos, un esperado buen dinamismo de la inversión privada y un repunte adicional de los flujos turísticos por efecto desvío, pero uno de los factores principales, por su capacidad de aportación al crecimiento, es la fortaleza del consumo privado. Los distintos organismos internacionales y centros de estudio nacionales prevén que los hogares mantengan un ritmo dinámico de crecimiento del consumo a pesar de los mayores precios y de la incertidumbre geopolítica. Sin embargo, ese esfuerzo por sostener el nivel de vida no estará acompañado de un avance equivalente de sus ingresos, lo que llevará a una reducción más acelerada de la tasa de ahorro que la prevista antes del inicio de la guerra. España ha sido un país tradicionalmente poco ahorrador, pero la tendencia se invirtió a partir de la pandemia por los confinamientos. Después, la crisis energética de 2022 provocada por la invasión rusa de Ucrania desplomó la tasa de ahorro por el elevado impacto en los precios, pero esta repuntó a niveles muy elevados en los años posteriores. Desde 2025, el consumo nominal crece más que la renta bruta disponible (después de impuestos y transferencias), por lo que la tasa de ahorro se ha empezado a reducir. En 2026 coinciden dos fenómenos: uno estructural, de progresiva reducción de la tasa de ahorro para converger en el medio plazo a tasas más habituales para España, y otro coyuntural, de aceleración de la tendencia por culpa del nuevo repunte inflacionista, cuyo impacto se extenderá hasta 2027. Entre 2026 y 2027, Funcas, AIReF, CaixaBank Research y la Comisión Europea prevén una reducción adicional de la tasa de ahorro bruta de aproximadamente un punto adicional acumulado respecto a lo que anticipaban antes de la guerra. La ratio más baja la proporciona la Autoridad Fiscal, que estima que pase de un 12% en 2025 a un 10,4% en 2026 y a un 10,2% en 2027. Se quedaría así a menos de dos puntos de la ratio previa a la pandemia, un 8,6% en el promedio histórico entre 2000 y 2019. En el medio plazo, CaixaBank Research anticipaba en su informe de diciembre de 2025 un descenso acumulado de tres puntos porcentuales en la tasa de ahorro entre 2026 y 2030 y, en una línea muy similar, AIReF calculaba en noviembre de 2025 una tasa del 10,1% en 2030. Bajo las previsiones actuales, una reducción de esa magnitud se alcanzaría dos años antes. Los pocos datos disponibles hasta el momento, del avance de la Contabilidad Nacional del primer trimestre, reflejaron un crecimiento dinámico del consumo de los hogares, del 0,6% trimestral y del 3,2% anual, aunque el conflicto en Oriente Medio solo tuvo impacto en marzo. Más consumo implica un impulso notable del crecimiento económico a corto plazo. Según CaixaBank Research, cada punto menos de ahorro eleva el PIB en 0,45 puntos porcentuales, aproximadamente. El ahorro no asumirá todo el encarecimiento del consumo Todas estas previsiones descansan en cuadros macro con una inflación de entre el 3,5% y el 3% en 2026 para descender a entre el 2,7% y el 2,3% en 2027. Por tanto, un repunte de los precios muy inferior al de 2022 (8,4%) y 2023 (3,5%). Si bien el elevado flujo de ahorro desde 2020 permitirá a los hogares mitigar el impacto de la nueva crisis energética en su nivel de consumo, los supuestos contemplan que el efecto va a ser inferior al que se produjo en 2022. El consumo privado descenderá respecto a 2025 (cuando creció un 3,4%), pero aún mantendrá un crecimiento por encima del promedio del PIB. Según prevé CaixaBank Research, la tasa de ahorro absorbería en esta ocasión un 50% del 'shock' sobre el consumo real en 2026, frente a la experiencia de 2022, cuando absorbió la totalidad del incremento de la inflación. Esto se debe a que, en su opinión, la tasa de ahorro tiene ahora "mucha mayor resistencia a bajar que en la crisis energética de 2022" porque en aquel episodio ya se estaba produciendo previamente un rebote del consumo tras el fin de las restricciones por la pandemia y la tasa de ahorro llegó a estar en el 14,3% en 2021. "En esta ocasión, en la medida en que no se observan aumentos sustanciales de la factura eléctrica y la política fiscal está amortiguando el impacto del encarecimiento de los carburantes, los hogares pueden disponer de un mayor margen para ajustar sus decisiones de consumo ante el nuevo 'shock'", explica el equipo económico de la entidad. Cabe tener en cuenta que existen efectos contrapuestos. Las subidas de tipos de interés del BCE esperadas para este año favorecen el ahorro frente al consumo, pero la propia inflación, la elevada tasa de ahorro en comparación histórica y la buena marcha del mercado laboral incentivan en la dirección contraria. Si se comparan las previsiones de cada fuente, la de AIReF es la más optimista con la evolución del consumo y, por tanto, la que anticipa una mayor reducción del ahorro. En mayo estimó que el consumo de los hogares crecerá un 2,8% en 2026 y un 2,2% en 2027. En general, los organismos citados prevén ahora, con una crisis de inflación produciéndose, mayores crecimientos del consumo de los hogares que los que calculaban a finales de 2025. Se debe a que, conforme transcurre el año, hay más datos de alta frecuencia sobre distintas variables relacionadas con el consumo y, por el momento, todo apunta a que los modelos previos estaban subestimando la capacidad de los hogares de gastar. No obstante, los escenarios descritos están sujetos a riesgos y el ahorro es sensible a la confianza existente. Funcas advierte de que un tensionamiento más persistente de los precios energéticos, prolongándose la guerra durante más meses, puede alentar la sensación de inseguridad e incertidumbre y podría impulsar decisiones de "ahorro precautorio e inversión". Esto es lo que sucedió con claridad tras el estallido de la crisis financiera de 2008. Si se produjera ahora, conduciría a menores niveles de crecimiento y a una mayor contención de la reducción de la tasa de ahorro que, por el momento, no se refleja en el escenario central de ningún organismo. El ritmo para generar riqueza mediante ahorro se reduce Si bien esta es la lectura optimista de la reducción de la ratio de ahorro, la OCDE aporta una visión más negativa en su 'Economic Outlook' publicado esta semana. Calcula que la tasa de ahorro neta de los hogares caerá del 8,5% en 2025 al 5,8% en 2026 y al 5% en 2027, igualándose así al nivel previo a la pandemia. Este indicador difiere del bruto porque descuenta la depreciación de los activos que tienen los hogares, principalmente la vivienda, configurándose así como una medición que informa más de la capacidad de acumular patrimonio a través del ahorro que como un indicador relacionado con el consumo. Su reducción advierte de que el ritmo de adición real de riqueza a través del ahorro bajaría ya el próximo año a los niveles históricos. Por tanto, la capacidad de adquirir más activos a través del ahorro de parte de la renta se está reduciendo, aunque la riqueza de las familias se encuentra en máximos y crece por otra vía: la revalorización de los activos que ya poseen.