La popularización de patologías relacionadas con el intestino ha cambiado, en los últimos años, la visión de este complejo ecosistema, que ya no solo se relaciona con la digestión, sino que también puede afectar a la inmunidad, al metabolismo e incluso al estado de ánimo.
“Alimentar a la microbiota es, en gran medida, alimentar bien a la persona”, presenta como lema la doctora Débora Nuevo, internista y jefa de la unidad de microbiota del centro médico Olympia de Quirón Salud. “La evidencia científica actual indica que una microbiota diversa y estable suele asociarse con patrones dietéticos ricos en alimentos vegetales, poco procesados y variados”, afirma.
Frente a las dietas o alimentos ‘milagro’, el enfoque de la doctora Nuevo es el de huir de modas pasajeras y apostar por un patrón dietético validado por la ciencia: “Intento priorizar la diversidad de alimentos, especialmente frutas, verduras, legumbres, frutos secos y cereales integrales, y limitar el exceso de productos ultraprocesados, alcohol y alimentos muy ricos en azúcares añadidos”. La clave, para la especialista, está en mantener hábitos realistas a largo plazo.
De la fruta a las legumbres
¿Cómo se traduce la teoría a la dieta diaria de una experta? En el desayuno, la doctora huye de la bollería industrial y los azúcares añadidos: “Un desayuno habitual podría ser yogur natural con avena y frutos secos y alguna pieza de fruta fresca de temporada”. A media mañana recarga energía con “algo de fruta o un puñado de frutos secos”.











